domingo, 20 de abril de 2014

Cuando vayas a Madrid…: diez expresiones madrileñas que debes conocer



Llevo algún tiempo haciendo listas (lo mío es hacer listas, listas que escribo en papelitos inútiles que pierdo irremediablemente, en post-its de diferentes colores que ordeno aleatoriamente, listas en las notas del móvil, en las agendas…) de algunas de mis expresiones y palabras típicamente madrileñas favoritas, y, francamente, me es muy difícil decidirme.
Por eso, y para aquéllos que vayan a ir a Madrid a pasar una temporada y no conozcan nuestra jerga, aquí os dejo una lista de diez de las expresiones madrieñas más utilizadas e imprescindibles para pasar desapercibido en la capital. En próximos posts, más:


  1. Molar: gustar. Resultar agradable, bueno, estupendo. Se utiliza igual que el verbo gustar, o casi: podemos decir: “me mola la música rock”, para decir que nos gusta a nosotros mismos, pero también podemos hacerlo impersonal: “la música rock mola”. Es decir, que la música rock es buena. También podemos utilizar el adjetivo “molón”, para decir que algo es bueno y que en general gusta bastante “Este bar es muy molón”, en el sentido de que es agradable.
  2. Mazo: Sacado de contexto, un mazo, en sentido literal, entre otras clsas, es un martillo grande de madera, pero también se puede utilizar para denominar una porción de cosas juntas, formando un grupo: un mazo de cartas, por ejemplo. Pero en Madrid lo usamos como un adjetivo. “Mazo” quiere decir mucho, y suele acompañar a “molar”. Decimos que algo nos ha gustado mucho diciendo “mola mazo”, o “me mola mazo”.
  3. Ser un gilipollas: Adjetivo, o insulto, que proviene de “gilí”, otro adjetivo coloquial que quiere decir tonto o lelo. Y, como se cree y dicen varias fuentes, de “polla”, que viene siendo el pene. Sería una especie de “tonto del pene”. Pero el origen de “gili” tiene muchas hipótesis posibles: se dice que viene de la historia de Baltasar Gil Imón de la Mota, gobernador fiscal y de Hacienda del Consejo Supremo de Castilla a mediados del siglo XVII, que aparentemente tenía tres hijas (o “pollas”, como se decía en la época para designar a los hijos) no demasiado agraciadas, ni inteligentes, y a las que les gustaba ostentar todas las pertenencias y el poder social del que disfrutaban por las calles de Madrid. Al parecer era la comidilla o el cotilleo de los madrileños de la época que comentaban “ahí a el señor Gil y sus pollas”, y de ahí derivó la expresión de “gilipollas”, para designar la torpeza, o estupidez. Sobre estas chicas el ABC publicó hace años un artículo (aquí). En algunos países de Latinoamérica el "gili" español es remplazado por "gil", como podemos ver en la letra del famoso tango "Cambalache". 
  4. Ser “una movida”: imagino que viene de la “Movida” madrileña, es decir, del movimiento cultural de los años ochenta que se desecadenó en Madrid y que tuvo su repercusión por toda España. Ser “una movida”, o “un movidón”, o “vaya movida”, “qué movida”, quiere decir: vaya problema, ¡vaya historia!, una “movida” designa algo complicado, de compleja solución, logística, comprensión...
  5. Tronco, colega, macho, tío…: también se pueden usar en femenino, pero son adjetivos que se utilizan para dirigirse, coloquialmente, a un amigo o próximo. También para las chicas se utiliza “titi”, es una expresión macarra, pero, francamente, creo que bastante madrileña.
  6. Dar el cante, cantearse, ser un canteo: haciendo mis pesquisas, he descubierto que “cantear” significa algo bastante diferente en países como Nicaragua, Chile o Salvador. En España, en cualquier caso, se utiliza de manera familiar. En primer lugar “dar el cante” quiere decir llamar la atención de manera ridícula o vergonzosa, en ocasiones causando vergüenza ajena. Algo es “cantoso” cuando llama mucho la atención, y se utiliza bastante para designar prendas de ropa, colores llamativos u objetos y hábitos poco discretos. “Cantearse”, sin embargo, aunque tiene connotaciones similares, no quiere decir exactamente lo mismo. Significa, sí, llamar la atención, pero, me parece, generalmente cuando aquello que llama la atención no debería sino pasar inadvertido. “Cantearse”, es, por ejemplo, hacer algo que no está bien visto con poco disimulo, actuar con desparpajo o con descaro. Y por último, cuando escuchéis a un madrileño decir “qué canteo”, “vaya canteo” o “esto es un canteo” generalmente conllevará alguna connotación negativa, ya sea porque es “una sobrada”, es decir, algo que ha llegado demasiado lejos. Podemos traducirlo a veces por “qué pasada”, y en general designa que algo es verdaderamente espectacular, impactante, o sorprendente. Ya sea positiva o negativamente.
  7. Dar la chapa: Significa lo mismo que “dar la lata”, “dar la brasa”, o “dar el coñazo”, o “dar la vara”. Alguien “da la chapa” cuando es muy pesado, cuando habla de algo que no nos interesa en absoluto durante horas, o cuando no para de hablar de sí mismo y sus preocupaciones, o cuando, simplemente, no nos da un respiro. Estas preocupaciones que quizas a veces no tengan importancia un madrileño las llama “ralladas”, y la expresión -o una de ellas- que utilizamos para decir que alguien nos ha agobiado y aburrido con sus historias es que alguien “nos ha rallado” o “nos ha dado la chapa”. Esa persona tan pesada puede ser un “brasas”, o un “chapas”.
  8. Ser un “pringao” o un “pringado”: Un “pringao” o un pringado es aquella persona que tiene un carácter altruista y generoso, y del se aprovechan los demás. Es una persona a la que se puede fácilmente embaucar o meter en problemas, y que siempre acaba trabajando o solucionándolos él sólo, o como también decimos, es quien “se come todos los marrones”, quien tiene que gestionar los imprevistos y problemas que no necesariamente son su responsabilidad. “Pringar”, como verbo, se utiliza cuando, por ejemplo, en el trabajo te encargan más trabajo del debido o que no te corresponde y te toca a ti solucionar los problemas mientras los demás evitan cualquier responsabilidad. Una persona a la que se le encargan -o que se hace voluntariamente responsable- las tareas más penosas, que no tiene mucha suerte, y al que no se le reconoce el esfuerzo.
  9. Ser “guay”: ser bueno, ser estupendo. Guay es un adjetivo que designa aquéllo que es interesante, que da “buen rollo”, que “mola”. Es una expresión que está un poco más en desuso que antes, aunque se utiliza muchísimo todavía, no solamente en Madrid, sino también en otros lugares de España, aunque se escucha bastante en la capital. ¡Qué guay! Quiere decir “¡Cómo mola! ¡Qué bueno!”.
  10. “Liarla parda”: También en lenguaje coloquial, “liarla” quiere decir armar un lío, montar un jaleo o alboroto, o en definitiva ponerse en una situación comprometida. Liarla “parda”, o “pardísima”, es montar mucho jaleo hasta que te llamen la atención, generar un escándalo. 
Tengo una larga lista de expresiones madrileñas de las que quiero hablar, pero por ahora lo dejo aquí hasta la próxima edición. ¿Conocéis algunos otros significados o expresiones con estas palabras? ¿Cuál es vuestra expresión madrieña favorita? 

miércoles, 16 de abril de 2014

Apuntes sobre "La Trabajadora", de Elvira Navarro.







Si tuviese que describir en una palabra lo que me ha provocado la lectura de “La Trabajadora”, de Elvira Navarro (Mondadori), diría: empatía. Y por qué, pues en resumidas cuentas, porque se trata de un retrato de la inestabilidad, el vacío y la precariedad de la juventud actual, así como su consecuencia o propuesta ante esta situación: la locura, ya sea voluntaria o involuntaria, desde la que construir, si no una identidad, ni tampoco un camino, sí un refugio.

Desde la poética, -y sí, digo poética por todo lo que rodea a la obra: un cuidadísimo lenguaje, una detallada y perfecta ambientación de las afueras de Madrid, y muchos pequeños y refinados detalles,- Navarro describe ese desamparo de la vida actual, donde en ocasiones solamente algunos atisbos de la amistad, de humanidad y de ternura son salvables, pero donde, generalmente, el individuo se construye la inestabilidad, en el continuo tránsito, en la soledad.

La protagonista –y todos los personajes, de hecho- son jóvenes, y tienen en común unas condiciones precarias de vida, una situación laboral vergonzosa y ningún atisbo de futuro. Y esa precariedad es la que conduce a la patología, a la enfermedad, al desencanto, a la locura. La protagonista construye su propia identidad en el tránsito de los barrios de la periferia sur de Madrid –otro motivo por el que recomendar el libro a cualquier madrileño que esté lejos de casa, por cierto- donde el paisaje se convierte en el testimonio de la historia reciente de un país, y donde la crisis –crisis económica, de valores, espiritual, emocional…- es un tamiz tupido y constante en el panorama de la novela.  Navarro habla de la identidad en el intersicio, de construirse en el no-lugar. 

Me he hecho muchas preguntas a lo largo de esta lectura: ¿debemos, por tanto, los jóvenes –y no tan jóvenes- que vivimos una situación laboral, económica y emocional precaria reconstruir nuestra propia identidad desde la enfermedad, desde la herida, desde la locura? Si no desde la apatía, pienso que si no es desde la herida, no hay otra manera posible de inventarnos.


Por eso, por su poética, por su temática devastadoramente actual y cotidiana, por su actitud, por su testimonio y su periferia es por lo que considero que “La Trabajadora” es una novela necesaria, actual, testimonial de nuestros días, y de lectura obligada para cualquier lector.  

domingo, 13 de abril de 2014

Diario: escribiré un palíndromo.






No conozco el nombre de este viento. Hay una niebla cálida, una llovizna al otro lado del montículo de ladrillos del barrio en el que ya no vivo. Estoy lejos, y callo. Me vivo en conversaciones telefónicas. La palabra no es belleza, sino grito. Mi voz cambia, se apaga. Ordeno mis papeles, invento recortables de Madrid. 

Un día compraré todos los diccionarios, escribiré un palíndromo. Abandonaré la higuera y el paisaje japonés. No callaré. 

viernes, 11 de abril de 2014

10 palabras con encanto en español: con "ch".



Empiezo hoy esta sección del blog con muchas ganas e ilusión: Se trata, no solamente de un apartado para estudiantes de español, sino también para todo aquél que esté interesado en curiosidades sobre el idioma.

¿No os pasa que a veces sacáis de contexto expresiones, o palabras comúnmente usadas, y os preguntáis de dónde vienen? A mí me sucede constantemente, pero no solamente eso, sino que odio olvidar expresiones que, en mi opinión, tienen un encanto especial, y que se utilizan en el vocabulario del día a día.

Por eso he empezado este apartado, para compartir algunas de las palabras, expresiones populares, dichos, etcétera, que considero que tienen un encanto especial o que simplemente llaman mi atención.

Aclaro que muchas de las palabras y expresiones escogidas en estas secciones tienen un significado diferente en cada país de Latinoamérica. Yo, por ahora, escojo su significado en España, pero si conocéis algún sentido diferente, ¡no dudéis en compartirlo más abajo!
Hoy, mi “top 10”, o algunas de mis palabras favoritas con “ch”, dígrafo y cuarta letra del abecedario español desde 1803. 
Por supuesto, he tenido que dejar algunas fuera, muy a mi pesar, pero aquí están las que, en mi opinión, son más originales y divertidas:




1.- Chirimiri: Está a la cabeza de mi “top 10”, porque es una palabra que se ha utilizado siempre mucho en mi familia. Es una palabra utilizada bastante en Burgos, Navarra, y el País Vasco. Quiere decir “calabobos”, o llovizna suave.

2.- Chinchar: En lenguaje coloquial –que es lo que me interesa en estas entradas-, molestar, fastidiarse, o aguantarse. Se utiliza, sobre todo, en el lenguaje de los niños. También la he escuchado en ese contexto, con el sentido de dar envidia, o tener envidia. Por ejemplo, algo “chincha” a alguien cuando le produce, en cierto modo, celos no muy graves. Al parecer, viene de la palabra “chinche”, el nombre de un pequeño insecto, bastante molesto.

3.- Chulear: Una palabra que me encanta, y muy madrileña, por cierto. En el contexto en el que más la he escuchado, quiere decir aprovecharse de alguien, explotar a alguien o abusar de alguien y reírse de él, en definitiva, “tomándole el pelo”. Viene, del adjetivo “chulo”, que, entre otras cosas, quiere decir que habla y actúa con “chulería”, con gracia, con un encanto un poco altivo.



4.- Churro: En varios idiomas –al menos en francés y español- se conoce la palabra “churro”, para definir un tipo de dulce que se hace a la sartén, friendo la masa de harina que se emplea para los buñuelos, pero de manera cilíndrica y estriada. Esta palabra, en español, da lugar a otras muchas expresiones, dos de mis favoritas os las pongo a continuación:
- “ser un churro”: una chapuza, algo que se ha hecho sin cuidado ni remate, que se ha terminado rápido, para apañar algún desperfecto.
- “como churros”: *hacer algo “como churros”, es realizar esa tarea con rapidez, sobre todo si se trata de algo repetitivo. También se utiliza para decir que algo ha tenido éxito. “Vender como churros”, “Comprar como churros”…

5.- Berrinche: Gran enfado, con aspavientos y llantinas, propio de los niños. “Pillarse un berrinche”, o “cogerse un berrinche”, puede ser la reacción que se tiene después de un disgusto o enfado, normalmente, se utiliza para hablar de una reacción algo desmesurada, y, a veces, ridícula.

6.- Chollo: Una ganga, una oportunidad, algo apreciable que se consigue o se adquiere con poco esfuerzo, normalmente económico. También he escuchado “chollo” (“tener chollo”) en Galicia, por ejemplo, para referirse a trabajo.

7.- Aguachirle: al parecer incorrectamente lo he escuchado también como “aguachirri”: se utiliza para hablar de alguna bebida líquida que no tiene la suficiente sustancia ni sabor, o que, por ejemplo, al añadirle hielos, el sabor se ha disuelto y la bebida ha perdido su consistencia. Lo he escuchado también cuando en los bares te sirven bebida “de garrafón”, rebajada con agua o con algún otro refresco, para decir que el sabor no es el que debería tener.

8.- Achuchón: ¡Ésta es una de mis favoritas! Es muy auténtica y familiar, y además siempre la identifico con el vocabulario de tíos y abuelos. Un achuchón es una muestra física de cariño, un abrazo, un beso… un apretón cariñoso, por lo general (“dar un achuchón”). En la RAE he visto que se puede tratar también de un apretón erótico, aunque por lo general es una expresión que yo identifico con la familia.

9.- Chorra / chorrada: A esta palabra y a todas sus variantes y expresiones podríamos dedicarles un post entero, pero voy a intentar resumir aquí algunos de sus usos y expresiones más comunes:
- “Vaya chorra / tener chorra”: tener suerte, casualidad, coincidencia.
- “La chorra”: puede referirse al pene.
- “Hacer el chorra”: hacer el tonto, reírse, hacer bromas.
- “Una chorrada”: una cosa tonta, sin importancia, irrelevante o que no es grave, o bien algo que es divertido pero inofensivo, algo que hace reír.

10.- “De chichinabo”: expresión coloquial que a su vez proviene de la expresión, también coloquial, “de chicha y nabo”. Algo que tiene poca importancia en sí mismo, o que es cutre, que no tiene valor, irrelevante, irrisorio, insustancial. ¡Me encanta esta expresión! Porque fonéticamente expresa exactamente lo que quiere decir.


Algunas otras palabras que no puedo evitar añadir:

*Bicho: en tono despectivo y genérico se utiliza para hablar de cualquier animal, aunque, especialmente, de los insectos. También se dice que alguien “es un bicho” cuando no es buena persona, tiene malas intenciones y no es clara, sino que parece que juega a espaldas de los demás.
*Chupete: es el objeto con una parte de goma o materia similar que imita la forma de un pezón, y que se les da a los niños para que lo chupen. Decimos que cuando algo está "de rechupete" es que está muy bueno, refiriéndonos generalmente a comida, o que está "para chuparse los dedos". 
*Chincheta: se trata de un pequeño clavo de punta plana que se utiliza para fijar papeles en un corcho o en la pared. Viene de “chinche”.
*Chorrear: se dice de objetos y también de personas o animales. Se trata de la acción de dejar caer  soltar agua u otro líquido que se contiene o del que se está empapado. Un “chorro” es una porción de líquido que sale por un pequeño orificio, de tal manera que lo hace con bastante presión y energía.
*Pachucho: familiarmente se utiliza para hablar de alguien que está un poco enfermo, frágil o débil de salud. También para alguien falto de ánimo o decaído.
*Chuchurrío: Aunque no aparece en el diccionario de la Real Academia, se utiliza mucho y aparece en algunos otros diccionarios español-inglés, por ejemplo. En lenguaje familiar, algo chuchurrío puede ser, por ejemplo, algo mustio (una planta, una flor…), pero también algo que se ha estropeado físicamente, como un papel que se ha arrugado, un material que se ha desgastado, o, también, con la connotación de que es un poco “cutre”.
*”Chuches”, o chucherías: expresión que ha sido mofa de unos cuantos gracias a que Mariano Rajoy la ha utilizado alguna que otra vez en algunas de sus intervenciones, las “chuches” o las “chucherías” son esas golosinas o dulces que toman los niños.
*Chulo: Ahora ya sí, la última palabra escogida, y una de las más especiales y madrileñas. Si lo utilizamos como adjetivo, coloquialmente puede significar bonito, atractivo, agradable, gracioso. Si lo utilizamos como un sustantivo, puede querer decir varias cosas: en lenguaje madrileño, un chulo es un individuo popular de Madrid, con un atuendo y una actitud guapa y atractiva. La segunda acepción puede ser la de un proxeneta, una persona que trafica con prostitutas. También, simplemente, una persona que presume, que tiene una actitud algo arrogante y presuntuosa. También, en algunos casos, se escucha “chuleta”. En cualquier caso, todas sus variantes son bastante castizas, y en próximos posts hablaré sobre expresiones típicamente madrileñas. Dentro de este tema, no puedo olvidar mencionar la palabra "chotis", el baile tradicional típico de Madrid.




Y para vosotros, ¿Cuáles son las palabras con encanto que contienen la “ch”?

miércoles, 9 de abril de 2014

Poema: NO.




No quiero
Bailar sin doler, sin sangrar los músculos
No quiero el té con leche el documento
Nacional de identidad no quiero
Tener los labios tristes y azules como el muerto

Ni la lánguida boca de quien nunca me amó

Por eso
hoy arranco los himnos de mis miedos
las pieles muertas de los credos de ayer
izaré la bandera de una tregua
de versos

te miraré a los ojos
pronunciaré
solamente 
tu nombre

domingo, 6 de abril de 2014

Diario poético desde el duermevela.



6h50 a.m. Conduces en un coche que no es tuyo. Acaricias mi mano, muslo, falda, abril. Es primavera y hace un aire húmedo. Mis amigos se abrazan en la cuneta. No nos ven. También nosotros nos enamoramos. También miramos hacia el lago, con frio. También cenamos al borde de las aguas, cuando atardece. Es la excepcionalidad de la distancia, la ocasionalidad de este tiempo intermitente. Después Un dedo, un ombligo, una mano. Deberia de escribir un poema a extremidad, cada órgano. Deberia de escribir sobre la mano. Porque qué es la mano. Por qué tu mano. Qué se esconde detrás de cada mano.