domingo, 6 de diciembre de 2015

La reliquia, la memoria, el cuerpo, la catedral, el amor: algunas notas.

Óscar Delmar




Te vas y todo es nuevo, algo está vacío, bajo mi antigua mano el pezón, bajo mis dedos el recuerdo del rostro, el cabello brillaba. Abismo de humedad, y sin embargo tú te embarcas hacia la ciudad-monumento del fracaso, a la ciudad eternamente inconquistable. Paradojas y bellezas del lenguaje: tú en el imposible. Y aún, bajo mi lengua, el fantasma de tu cuerpo. ¿Qué dejaste bajo el hueco de mi mano? Intento olfatearlo, el abandono involuntario causa su efecto. Lo sabía, lo esperaba, forma parte del rito. Mi cuerpo se construye en el hueco de tu cuerpo mientras duerme. No siento la orfandad pero conozco esa iconografía: dejaste una pestaña en las puertas de mi casa. La guardé, como parte del pacto que firmé conmigo misma y con los símbolos. En este umbral, espero.

viernes, 30 de octubre de 2015

La vida líquida (fragmentos).

Ilustración de Sara Morante




I.

(...)

Demasiado hablo y sin embargo
poco es lo que sé.
Y yo quiero cantar una Alegría

y solo balbuceo.

II.

Tengo la voz quebrada para el canto
pero quiero
decir.

(...)

III.

Quiero decir que hay algo por encima del cuerpo
de los hombres
que existe alguna red sobre nosotros
y a algunos nos enlaza.
Quiero decir que no quiero decir una etiqueta
que no quiero
besar y no saber
pero no sé
y quiero.

IV.

(...)

A menudo nos sorprenden los símbolos.

V.

Pero pienso en el beso y me sonrío.
La sólida compañía de tu voz, la extraña mística que tu cuerpo
festeja y desprende.

VI.

(...)

Qué el amor
el amor es global
como el efecto del vino es global
como la muerte
como la piel, global, como la música o el hambre.

domingo, 18 de octubre de 2015

Aniversario emigrante.





Escribo este texto con un nudo en el estómago que hacía años que no sentía. Hoy llueve, y estoy resfriada después de la llegada repentina del mal tiempo a Montpellier, pero me he envalentonado y he bajado a hacer la compra. Caminando hasta el mercado, me he dado cuenta de que con este clima llegué a Montpellier, y se me ha ocurrido mirar la fecha para darme cuenta de que un día como hoy, hace tres años, tomaba un autobús con el que llegaría temprano la mañana siguiente a esta ciudad del sur de Francia en la que nunca había estado, pero en la que tenía un amigo. Hacía mucho tiempo que no pensaba en ello. Acababan de operarme de un tobillo tres semanas antes, y era la primera vez que soltaba mis muletas. El viaje duró quince horas, y mi amigo Rober vino a buscarme a la estación, me llevó a desayunar y con su mujer Adéline, me ayudó a hacer algunas gestiones. 

Pero ¿qué hacía yo yéndome a Francia? para eso habrá que remontarse a un tiempo antes. Yo había terminado la universidad hacía tres años, y desde entonces había trabajado dos años sin contrato, había intentado ahorrar sin éxito (no llegaba a los cuatrocientos euros al mes) y vivía con mis padres. En septiembre de 2011 me llamaron para trabajar en la Dirección General de Patrimonio, en la Comunidad de Madrid (elecciones were coming) y durante ocho meses tuve un trabajo estable, que me gustaba, y en el que cobraba un sueldo digno con el que empecé a ahorrar. A pesar de que me gustaba mi trabajo, no había posibilidad de tener otro puesto relacionado, ni de opositar, y en lo que a mi experiencia en el mercado del arte respecta, había salido algo decepcionada. España estaba en plena crisis, pero nadie lo decía aún abiertamente. De golpe comenzaron los recortes y el 15 de Mayo de 2011, y de 2012 salimos a la calle. Mi inexistente economía no me había permitido inscribirme a ningún máster, aunque sí que había empezado estudios de filología hispánica a distancia, y cuando conseguí el puesto en Patrimonio decidí ahorrar para seguir estudiando, porque, decepcionada del  mundo del arte contemporáneo, de su ambiente y de sus escasas, precarias y a veces controvertidas salidas profesionales, hacía ya tiempo que me planteaba ser profesora de idiomas. Había estudiado inglés y francés toda la vida, y me había dado por el portugués los últimos años. Vengo de una familia de docentes, admiraba la capacidad de los profesores que te provocan interés por una lengua y por una cultura, y poco a poco había llegado a la conclusión de que quería hacer lo mismo. Quería enseñar el español a extranjeros, darles una herramienta para que conociesen una(s) cultura(s) tan amplia(s) y variada(s) como la hispanohablante. Hacía un par de años que miraba másteres que pudiesen interesarme, de enseñanza de español como lengua extranjera, pero en España no había demasiados públicos, y era muy difícil ser aceptado, sobre todo si no eras filólogo. Así que empecé filología por la UNED, mientras trabajaba sin contrato, y después mientras trabajaba con contrato. Por entonces solicité varios másteres, pero finalmente ninguno me aceptó, y en ese lapso de tiempo mi amigo Rober me habló de que en Francia los másteres eran mucho más baratos.  Ese año multiplicaron por tres las tasas universitarias en España, y lo que yo había ahorrado solamente me permitía hacer un año de máster y seguir viviendo en casa de mis padres, mientras que si marchaba a Francia, podía permitirme sobrevivir un año por mi cuenta y pagar las tasas universitarias. Hice los cálculos y rellené mi solicitud. Para mi sorpresa, me aceptaron, y con poca antelación y dos muletas (llevaba nueve meses de escayolas e intervenciones) compré un billete de autobús y me vine a Francia recién operada, dejando las muletas a mis padres a las puertas de la estación. 

Y así fue como quince horas más tarde, llegué a Montpellier, donde me esperaba Rober, -a quien, junto con Adeline, nunca estaré suficientemente agradecida- hace ahora tres años.  Desde entonces vivo aquí, me he ido adaptando, sobreviviendo y mejorando mi situación. Terminé el máster, y he conseguido salir adelante hasta ahora. Lo cierto es que habría muchas cosas de las que hablar, pero un día como hoy, que en otras ocasiones se me ha pasado incluso desapercibido, pienso en cómo llegué aquí, y cómo fue el primer año. Esperando volver a España en vacaciones, llamando casi todos los días, preguntándome cómo sería mi vida si me hubiera quedado, y otras mil cosas. En ese momento sentí que había perdido. Que no había sabido cómo hacer las cosas. Que no había tenido suerte, y que, quizás, yo me lo había buscado. Poco a poco entendí que no era yo la única persona que hacía las maletas y se marchaba a otro lugar a buscar trabajo. Éramos muchos. La publicidad engañosa de esa España próspera, emprendedora, en la que "querer es poder" y uno se hace a sí mismo, nos había jugado una mala pasada a unos cuantos. No eramos ni-nis, sino víctimas de un sistema económico injusto, corrupto y asfixiante. Un sistema en el que, como ha escrito hoy un amigo por aquí, no nos enseñan a perder. Perder está prohibido. Durante un año estuve casi escondiéndome de mi propia situación. No contaba a nadie por qué había venido realmente, ni qué había hecho los últimos años en España, en parte, tal vez por vergüenza y por culpabilidad, y por otro lado, porque no era consciente del todo de la magnitud de las razones reales. Un año y medio después comencé a juntarme con españoles, y fue eso lo que me hizo ser consciente de la realidad de nuestra situación, y de su carácter global. No era la primera ni la última. Tampoco era la primera vez que esto sucedía, ni mucho menos. Comencé a conocer a emigrantes españoles de otras generaciones. Así fue como volví a militar en los movimientos sociales, esta vez desde el extranjero en la Marea Granate, y me interesé por militar por primera vez en mi vida en un partido político, en Izquierda Unida. ¿Quiere decir esto que no habría venido a Francia si no hubiera existido la crisis económica? no necesariamente. Quizás habría venido. Muy posiblemente habría venido. Pero no en estas circunstancias. Habría venido con un trabajo, o de vacaciones. Habría venido para disfrutar de un país que siempre he admirado y amado, pero no necesariamente para intentar buscarme la vida porque las oportunidades me son negadas en mi país, y seguramente, si hubiese venido en cualquier otro caso, no necesitaría justificarme, y decir que este tipo de circunstancias se dan simplemente, no por un problema personal (tópicos tan habituales como el de la gente que "viene a robar trabajo", el de la gente que "viene a vivir del Estado"...), sino estructural. 

No me gusta dar discursos políticos ni técnicos, y no me siento con los conocimientos globales suficientes, pero lo que sí puedo decir - y lo digo desde las tripas- es que creo que el sistema tardocapitalista en el que vivimos está totalmente deshumanizado, y que cualquier persona que no alcanza los límites de aceptación social marcados por él, se convierte automáticamente en un perdedor. Y de un tiempo a esta parte he aprendido que los trabajos que tienen que ver con lo social, las movilizaciones ciudadanas o hechos como asociarse y compartir, son, en sí, una resistencia, y, creo, la única resistencia posible. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Bluseando: las Guerrilla Girls.




Sé que tengo que actualizar más a menudo, pero últimamente no tengo tiempo ni para respirar... hoy escribo este mini-post para contaros que ya ha salido el número 4 de la Revista Blusa, donde participo, esta vez hablando de las Guerrilla Girls. Pero también hay también mucha gente estupenda que escribe cosas muy interesantes (como la ilustración de la portada, de Luci Gutiérrez) ¡No os la perdáis! Pulsa AQUÍ para descargártela.

martes, 8 de septiembre de 2015

Óptica animal.



Miro la vida desde fuera. Contemplo desde una distancia prudencial, tal vez premeditada pero no recuerdo de cuándo data la vista. Existe una longitud, una fosa que me separa de las cosas, como un filtro de impresiones, una especie de celulosa que destila la emoción hasta perfilar sus contornos. Mis pupilas son las de un felino, y miro el líquido perfecto, la gota minúscula de ese alfiler, esa impresión precisa que transformo en palabra. Pero toma su tiempo. Calculo la longitud entre mi cuerpo y el mundo, pero también nado en la piscina-mundo, aunque dejando ahora el pelaje a secar al calor. Aún así, el olfato, la vista, los sentidos se me han ido afinando poco a poco. Hay también momentos en los que el filtro tiembla, es  cada vez más fino, la distancia se estrecha y el ojo se desenfoca. Soy animal detrás del verdor, contemplando el miedo, las presas, la paz, el peligro, la suciedad, la ternura. Y aquí me quedo.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

La vida, Marcos Ana.



Una de las lecturas que más me han impactado este verano ha sido la de Decidme cómo es un árbol, las memorias de Marcos Ana, poeta y preso político español, publicado por Ediciones Umbriel. En ellas –alternando sus recuerdos por supuesto con sus poemas, cartas, diarios, etcétera- relata su infancia, sus primeros años de juventud que coincidieron con la victoria del Frente Popular y el estallido de la Guerra Civil, su detención y torturas, y los veintitrés años que pasó en la cárcel, convirtiéndose en el preso político que más años pasó en los penales franquistas; su primera condena a muerte y su error formal, su segunda condena, la espera inhumana a ser fusilado, el compañerismo en la cárcel, su liberación y su largo exilio en el que trabajó para defender a los presos políticos, denunciar a la dictadura por todo el mundo y abogar por una reconciliación nacional y una vuelta a la democracia. Y en lo que tiene que ver con su escritura, lo que sin duda más me ha impactado es su sencillez y su franqueza. El lenguaje tan cercano con el que redacta sus memorias, pero además, con el que escribe sus poemas, un lenguaje preciso, llano, próximo y sin pretensiones. Creo que la voz de Marcos Ana –y su figura- es un icono viviente de la historia de nuestro país, y que Decidme cómo es un árbol es un libro indispensable, por su compromiso político, poético, y sobre todo, humano.





Aquí algunos poemas:

LA VIDA


Decidme como es un árbol,

contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte
sin cerradura y sin llave
como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvido
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque,
digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.



MI CORAZÓN ES PATIO

A María Teresa León

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)

A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.

Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.

“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…

Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)

Amanezco, y ya todo
-fuera del sueño- es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo
-fuera del sueño- es patio.
(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
-hasta en el sueño- es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)




Más sobre él en francés, aquí y aquí