lunes, 5 de enero de 2015

Mujeres: Kiki de Montparnasse, en novela gráfica.




                                                        











Empiezo el año con nuevos propósitos, nuevas lecturas, y nuevas categorías que quiero introducir en mi blog con mayor asiduidad. Desde hace un tiempo me vengo preocupando más intensamente por el papel de las mujeres en el mundo en general y en la cultura en particular, y la poca justicia que, en muchas ocasiones, se las ha hecho y se las continúa haciendo a la hora de contar la Historia y las Historias en mayúscula.

Por eso hoy he querido hablaros de el primer libro que he leído en este 2015. Se trata de la novela gráfica Kiki de Montparnasse, con ilustraciones de Catel Muller y textos de José-Louis Bocquet, traducido por Lucía Bermúdez y publicado por Sins Entido en 2009

Cuenta la historia de Alice Prin, más conocida como Kiki de Montparnasse, modelo, artista, cantante de cabaret, pintora, actriz de cine  y alma del barrio de Montparnasse, y del ambiente de la bohemia parisina de la época de las vanguardias históricas y el periodo de entreguerras. Por desgracia solamente conocemos su condición de musa de los artistas -hombres- que protagonizaron estos movimientos, y que la retrataron en muchas de sus obras. Sus representaciones más famosas las encontramos en las fotografías de quien fue su pareja, Man Ray, pero también en muchas obras de artistas como Foujita, Soutine, Gargallo o Modigliani.  

Kiki es, sobre todo, una superviviente. Llega a París sin nada, y viviendo, trabajando como modelo para diferentes artistas, buscándose la vida, y luchando siempre por hacerse respetar sale adelante y se introduce en los círculos vanguardistas de la capital francesa. Protagoniza además algunas de las películas vanguardistas de la época, como Ballet Mécanique, de Fernand Léger, Entre'acte, de René Clair, o L'Étoile de Mer y Le Retour à la Raison, ambas de Man Ray. 
También se gana la vida haciendo dibujos y retratando al gentío que frecuentaba estos ambientes, pintando cuadros -hizo varias exposiciones importantes- pero sobre todo cantando en los cabarés y las salas más bulliciosas y emergentes de la ciudad,  como La Rotonde, Le Boeuf sur le Toit, Le Jockey o La Coupole. E incluso, llegó a regentar su propio cabaré, llamado, en principio L'Oasis, y más tarde Chez Kiki. 

Pero sobre todo fue una mujer con carácter, independiente, vividora, libre, sexual e intelectualmente, y sin ningún pelo en la lengua, y esta es la Kiki que nos presenta el cómic de Catel & Bocquel. Temas como la maternidad, las drogas, el cuerpo, la liberación sexual o la relación entre musa y creador son algunas de las razones más interesantes por las que este cómic es una recomendación indispensable para todos los públicos, pero sobre todo para quienes adoran esta época de las vanguardias y quisieran saber más desde el punto de vista de las mujeres. 

martes, 30 de diciembre de 2014

Unas notas sobre mi 2014.




Es raro decidirme a hacer un recapitulativo de un año que ha sido extraño, espídico, lleno de cambios y apabullante en todos los aspectos. Pero justamente por ello voy a hacerlo, porque ha sido uno de los años más completos de mi vida. Si tuviese que resumir el 2014 con una única palabra sería intensidad

En 2014 el año empezó continuando un trabajo en el que no llevaba demasiado tiempo, y que era, desde hacía años, el motivo por el que había decidido salirme por la tangente a nivel profesional y cumplir uno de mis sueños: ser profe de español como lengua extranjera. A nivel laboral, por tanto, el año se ha convertido en un reto cumplido, pues he trabajado como un animal preparando clases de todos los tipos, niveles y alumnos, y disfrutando de ello. También mis compañeros de trabajo han sido un enorme aliciente, el buen ambiente, las risas y el buen rollo son estupendos y me han permitido conocer además otra faceta de mi trabajo. En verano me ofrecieron una oportunidad única (y casi impensable), la de trabajar como profesora de francés, y la acepté, y fue una de las mejores experiencias del año: trabajar a contrarreloj, muchísimas horas al día, con los mismos alumnos todo el día y dando clases de un idioma extranjero. Y sobreviví todo el verano, con compañeros estupendos y clases y alumnos geniales. 

Este año ha sido convulso emocionalmente, en el que amor, decepción, pasión, abandono, olvido, soledad y desorden han convivido a partes iguales, hasta ahogarme, y hasta verme obligada a cerrar a patadas una puerta de aquello que había sido protagonista casi único de mi vida, y que me había condicionado, desubicado, y destruido poco a poco durante meses y meses. Entonces debí empezar todo desde cero. Tuve que volver a poner todo lo que tenía en una balanza, hacer criba emocional, material, anímica, e incluso moral. Mis perspectivas dieron un vuelco y pusieron patas arriba todo lo que había estado construyendo durante años, hasta caer en la cuenta de haber "perdido", en parte, mi tiempo, pero también de haber ganado en sabiduría, criterio y fortaleza. Ha sido, además, el año en el que he estado acompañada de la mejor familia (rencuentros a este lado del charco, niiiii) y de  los mejores amigos, tanto en los buenos como en los malos momentos (¡gracias!) que nos hemos reído y hemos llorado juntos, y solamente por eso merece la pena este 2014.

Ha sido también el año de las mudanzas, y de la militancia, y esto último me ha dado la vida en esta segunda parte del año. Estar lejos no es estar solo, es también construir. Construir a través de las ideas, del intercambio, enriquecerse con las opiniones de los otros, edificar una familia, y eso es lo que para mí ha supuesto la militancia. Gracias a toda esta "nueva familia" he comprendido varias cosas: la importancia de la organización colectiva, la necesidad de las reivindicaciones sociales y de la construcción de proyectos más humanos y justos, la imprescindibilidad de una lucha por nuestros derechos y nuestra dignidad, y cómo todo ello crea lazos mucho más fuertes y unas afinidades más interesantes y estrechas que las que se puedan crear en otros ámbitos. Construirse en la otredad ha sido y es uno de los retos más importantes de la emigración, y creo que juntándonos y asociándonos, no solamente nos edificamos, sino que también nos enriquecemos como colectivo y nos aportamos e intercambiamos experiencias los unos a los otros que dificilmente puedo extrapolar a otros contextos, porque juntos somos más fuertes, y hemos conseguido hacer muchas cosas estos últimos meses; toda esta experiencia nos convierte en una familia adoptiva en toda regla, y esta energía nos da más fuerza para afrontar el futuro.

Ha sido también el año del retorno a París y a la literatura: la búsqueda de la muchedumbre y de la voz, de la mirada de los rostros en mitad de las calles, cantar juntos en la Fête de l'Humanité, de rencuentros y nuevos encuentros en la capital gala, de volver a sentirme parte de algo que en algún momento había abandonado, de poetas (¡se dice poeta!) y lectoras y mujeres increíbles, de leer los mejores libros escritos por mujeres que ningún otro año, libros que te cambian la vida, que te escriben y transforman. El año del feminismo, de conocer a los compañeros de todas partes y un año de amistades intensas, abrumadoras, necesarias. De terminar proyectos, de empezar otros nuevos, de retos, de dificultades y de nuevas perspectivas. Sobre todo, de nuevas perspectivas. 

Gracias a todos los que habeis formado parte de él, y brindo por un 2015 por lo menos igual de intenso que éste. 




jueves, 25 de diciembre de 2014

El mejor libro del año: Ser en la frontera. "Americanah".



Lo confieso: he tardado meses en leer "Americanah", de Chimamanda Ngozi Adichie. Pero no, no ha sido por pereza, ni por dejadez. No ha sido por sistema, como acostumbro a hacer con muchas cosas que, sin querer, siempre acabo dejando a medias. La historia ha sido otra. Es la historia de un libro que transforma, que no se puede leer así como así, cuando otros problemas sobrevienen y no dejan tiempo a la reflexión. 

Bien, ¿pero qué es este libro? Se trata de una novela de 2013, publicada en español en 2014 por Random House Mondadori. La autora es la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, y cuenta la historia de dos jóvenes nigerianos que viven en el Lagos de los años noventa. Como mucha parte de su generación, saben que deberán abandonar algún día su país si quieren luchar por su futuro, y con ese propósito, Ifemelu, nuestra protagonista femenina, consigue un visado de estudios a Estados Unidos, mientras Obinze, que es quien siempre ha soñado con América, no consigue acompañarla. Es entonces cuando comienza la aventura: la experiencia de años en Estados Unidos como emigrante africana, las diferencias establecidas por su acento o el tono de su piel, los dilemas éticos y estéticos derivados de su comportamiento a su peinado y las relaciones que establece con su entorno. Obinze, por otro lado, intentando conseguir su visado a Estados Unidos, aterriza en Inglaterra, donde tampoco nada se presenta como él esperaba. 

Pero quería contar cómo he leído este libro y por qué. Por qué he tenido que leerlo a borbotones, y por qué se ha convertido en uno de mis libros referentes. Pues bien. Si el libro habla de igualdad, no era posible leerlo hasta no haber zanjado mis problemas con la desigualdad, y lo mismo sucedía con otras tantas cosas, como la aceptación de la identidad interior, la identidad física y etética, la concepción de todo como política. Sé que tal vez no se entienda mucho de lo que quiero decir, a lo que me refiero es que es un libro de cabecera para cualquier mujer -y debería serlo también para los hombres- que se plantee ciertas cuestiones acerca de su independencia, libertad, y modo de vida. 

Nuestra protagonista es una mujer fuerte, inteligente, dura, extranjera, y negra. Lucha día a día y convive con aquéllo con lo que todas las mujeres convivimos, con algunas particularidades. En primer lugar, se trata el tema de las diferencias culturales e idiomáticas. A pesar de hablar bien el inglés, Ifemelu se da cuenta de que las expresiones, los chascarrillos y las fórmulas de cortesía no tienen nada que ver con lo que ella está acostumbrada. En la universidad, se relaciona casi por inercia con los colectivos negros y afroamericanos, en los que se debate y discute acerca de sus orígenes y se comparten costumbres e intereses que, fuera de ahí, no interesan a nadie. Es interesante, además, cómo Adichie es sensible al modo en el que el migrante cambia su comportamiento en lo que respecta a establecer relaciones, y se construye desde la diferencia: debe, por tanto, edificarse en tierra extraña, y hacer de sus diferencias un arma de defensa. De pronto es importante el color de su piel, su físico, su exotismo. Ella es otra, una especie de caricatura de sí misma, de simplificación de sí misma en la que las sutilidades quedan a un lado. El "Yo soy todas", generaliza la otredad, colectiviza la diferencia y hace que ese problema sea un problema de todos en un país como Estados Unidos. ¿Cuál es, por tanto, su casa? el país que la acoge, por un lado, está medrando ciertos cambios en nuestra protagonista, y el país de origen es quien la ha hecho lo que es hasta el momento. Surge entonces el tema más interesante de la novela: la construcción de una identidad propia en la frontera. Conforme a este tema central se irán forjando los siguientes, incluso la historia de amor, que no es más que un accesorio para reconducir inteligentemente la trama. 

El personaje y las circunstancias plantean, además, el tema de la máscara. En primer lugar, desde el principio, el personaje principal de Ifemelu nos plantea una serie de dilemas estéticos que tienen que ver con una serie de condiciones raciales: el pelo afro y la piel negra son las principales. Pero no se trata de una "Superpop", ni de un libro que hable de modas y maquillajes, sino todo lo contrario. A lo largo de la novela, la estética se plantea como una agresiva estrategia de la política en la que los cánones de la cultura (en este caso, nigeriana) no se corresponden con los de la cultura norteamericana, y, por lo tanto, la estética supone para nuestra protagonista una doble imposición: la de toda mujer, que debe estar bella y presentable, y la de la occidentalización: las cremas, los alisadores capilares, las pelucas... y cómo este dilema supone cambios y dilemas también a nivel identitario. Se nos plantea la siguiente pregunta: ¿Ser un estereotipo, una marca, o ser, únicamente uno mismo? ¿Qué diferencia hay entre estas dos posturas? y en este tema, de la politización del emigrante, y la caricaturización del negro no encuentra Adichie mejor paralelismo que el mismísimo Obama: la figura de una teórica integración racial por excelencia, aparentemente con carácter, contestatario. Un personaje público que convierte la identidad transterritorial en una lucha por la igualdad aparentemente lograda, en una marca o estereotipo más.

Considero este libro una lectura obligada  para cualquier persona que esté fuera de su país y se sienta extranjero y ciudadano de cualquier parte al mismo tiempo. Para los jóvenes. Para la mayoría que hemos creído alguna vez que, aunque no sea del todo justo, es necesario adaptarse a las modas, y a las estéticas, para ser aceptado en una sociedad, incluso dejando atrás la realidad y la identidad de uno mismo. 

En este sentido, el personaje principal de Ifemelu, no solamente como mujer, sino también como migrante, construye su identidad en la frontera: una mujer que no cumple con lo "esperado" de ella en determinados ambientes ( sincera, con carácter, despierta, directa y poco diplomática), que se construye, inconscientemente a la defensiva, y que identitariamente se encuentra en la zanja entre los dos países.

¿Qué es, entonces, lo que construye las identidades? Las experiencias personales, podríamos responder, y no sin razón. Pero es demasiado sencillo. Adichie nos respondería: no únicamente, y eso demuestra "Americanah": el género, los estereotipos, los cánones socioculturales, el idioma, el físico y la estética son algunas de sus posibles respuestas. 

Podría decir otro millón de cosas sobre este libro, porque plantea muchos de los problemas que, de uno u otro modo, ya sea como mujeres, o como migrantes, o como extranjeras o turistas o trabajadoras, considero que nos conciernen a más de una y de uno en el mundo actual. 

Solo quiero decir que hay libros que la leen a una. Que pasan por encima de una misma como una apisonadora. Y eso es lo que está pasando. Hay libros que son terremotos, y éste es una lectura obligada. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

La locura de estas últimas semanas.




Las últimas semanas me han cambiado un poco la vida. Ya lo comentaba en el anterior post, hace unos quince días. Parece simple dicho asi, pero, es, en realidad, bastante complicado de explicar, y de hecho, es la primera vez que intento hacerlo. No voy a entrar en demasiados detalles, porque ni yo misma los conozco, pero sí contaros lo que ha pasado estas últimas semanas. Además de continuar con el trabajo, la rutina diaria en Montpellier, etcétera, he participado en un par de charlas, una primera sobre la mujer en España, organizada por la asociación Osez le Féminisme! y otra sobre la situación de España y sus perspectivas, organizada por la asociación Les Amis de L'Humanité, ambas en Montpellier. Sobre ambos temas podeis leer las reseñas de mi compi y amigo Gonzalo Gómez Montoro aquí y aquí

Entre medias he hecho un par de viajes a Madrid por diferentes razones en las que no voy a entrar, y este último fin de semana, hemos estado en París, en el Encuentro en el Exterior charlando sobre emigración. Para más información, también podeis pulsar aquí (gracias, Gonzalo, gracias, a todas). En París también han pasado muchas cosas, de las que hablaré en próximos posts. Una de ellas ha sido conocer a Paola Zurbarán y a Sara Herrera Peralta (¡gracias!). Algún día explicaré cómo es todo esto: las redes de solidaridad (gracias, Manu) que se establecen entre los extranjeros que vivimos en Francia, la intensidad de las amistades, la alegría de encontrar gente con unos mismos intereses fuera de nuestro país, construir una comunidad en la que las relaciones son igual o más estrechas que en una familia, etcétera. Son demasiadas cosas para un simple post, pero quiero, al menos, pincelarlas todas, para no olvidar todo lo que está pasando y no puedo explicar con exactitud. 

También ha habido alguna lectura que me ha marcado especialmente, como es el caso de Americanah, el libro del que llevo queriendo hablar algunas semanas, pero no he tenido ni tiempo ni manera de condensar todas las ideas que me vienen a la cabeza acerca de él. 

Además las clases, el ser consciente de recuperar el tiempo perdido, los viajes, París, Madrid, las ciudades, las mujeres, el hogar, la voz y otro millón de cosas que estas últimas semanas se me vienen a la mente. 

En fin, que este post es solamente para advertiros de que sigo viva, y de que en breve os contaré más sobre este final espídico de 2014. 


lunes, 1 de diciembre de 2014

Algunas reflexiones de estas últimas semanas.



Hace semanas que no actualizo. Lo sé, soy un caso. En mi defensa diré que he tenido un mes ajetreadísimo, con idas y venidas a Madrid, con reuniones y asambleas, charlas, debates, clases, cumpleaños... la totale. Pero estoy contenta. A partir de ahora prometo escribir más asiduamente, y no dejar esto de lado. 

Han sucedido muchas cosas, y ninguna. Han sucedido cosas dentro. Fuera llueve desde hace días, y todo sigue aparentemente como siempre. Dejé a medias un libro cuando tú. Dejé a medias un libro porque sabía que era premonitorio y no quise escucharlo. Porque dolían las palabras que no pude escribir yo, pero que me escribieron a mí, sin saberlo. Lo cerré a la mitad. No lo retomé hasta anoche. Lo he mirado con miedo durante meses. Lo he mirado como si fuera a revelarme una verdad que yo ya conocía, como si fuese a abrirlo y sus páginas fuesen a pronunciar un "te lo dije". Pero en ese libro estaban muchas de las respuestas que buscaba. El cuerpo, la independencia, la identidad, el mestizaje. El estar lejos estando en el cuerpo mismo, y siendo independientemente de la geografía, y condicionada por el mapa. Esto formaba parte del viaje: ser otra, construirse en la frontera. Cambiarse de color el pelo para reivindicar algo que olvidé después, meterse en política por primera vez en la vida para no olvidar de dónde se viene. 

Vivir en la frontera: fronterizos amigos, acentos limítrofes, constantes explicaciones sobre la provenencia, sobre el porqué estamos aquí. Sentirse vieja, de pronto. La comunidad, en estos casos, es un método de defensa, una especie de terapia de grupo, una búsqueda identitaria de la que todos, consciente o inconscientemente, formamos parte. Por eso mi obsesión: la identidad, la emigración, la reconstrucción del yo, el feminismo, la otredad, el tiempo. 

Ser no es sino buscar una razón para. Ser no es sino identificarse en el rostro de los otros. Hablar sin ultrajar a la palabra. Silencio. Alguien me dijo el otro día que el extranjero aquí era más áspero. Es la extrañeza lo que le hace a uno más frío, respondí. Por eso buscamos un hogar en la tribu. Soledad sin drama. Todo está cambiando y no sé cómo explicarlo. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Poema.



Estaba el alma abierta en esas yemas de los dedos
Sin embargo
Detrás de los paisajes
Huidiza la palabra
El ánimo, el aliento;

Esperando la voz encontramos vacío de cristales
Golpes al vidrio que el aliento escombraba
Para no adivinar
Ni decir