miércoles, 22 de julio de 2015

Resistir (fragmento).




(...)
Prefiero este deseo palpitante,
la boca expuesta, dócil ideología, soledad
extremo hueco, salitre en las papilas
de una lengua
insaciable de mar.

Aguanta el cuerpo solo, y sus fantasmas.
Soy una, y en este cuerpo quedo, y así me repliego
me habito, me comparto, resisto.

lunes, 22 de junio de 2015

Poema: Música muscular.

Ilustración de Anneli Olander.





Abrir así los ojos, los oídos escuchar
el canto de las aves,
el silencio de trigo el espigar de los insectos
durmientes en el agua.
También
el tacto molusco, el avivar del recoveco del cuerpo
la palpitante música muscular,
el hálito del habla de los suelos
asfaltados.
Olvidamos un día la magnitud, pero ella
nos encuentra todavía

en cualquier parte.

sábado, 13 de junio de 2015

Unas notas sobre Blusa: ilusión, tribus, feminismo y nervios.

Ilustración de Sara Morante.



Como algunos ya sabréis, soy una gran aficionada de la Revista Blusa, publicación feminista de creación y ensayo dirigida por Carmen G. De la Cueva y Sara Herrera Peralta, que se publica a través de internet gratuitamente y que va ya por su tercer número. 

Desde un principio me convenció y me atrajo el formato, las ilustraciones, el estilo, el enfoque feminista de la creación y todas las posibilidades que ofrecía. La alta calidad de sus artículos y la participación en sus páginas de personas a las que llevo admirando años a través de las redes sociales, de las páginas de los libros y de los blogs, terminó de convencerme y he sido una adicta a Blusa desde el primero hasta el segundo número, hasta que me decidí a ofrecerme como colaboradora para una posible sección de artes visuales. Y aquí estamos. En este mes hablo sobre Nikki de Saint Phalle, artista francoamericana de las últimas décadas, icono del feminismo. 

Pero en las páginas de este número de Blusa podéis encontrar cosas tan fantásticas como las estupendas ilustraciones de Sara Morante, la poesía de Martha Asunción Alonso, Lola Nieto Alarcón, Sofía Castañón, los poemas traducidos de Etel Adnan por Teresa Soto, las fotografías de Soledad Córdoba, los cuentos de Sibisse Rodríguez y de Roxana Popelka, la importancia del feminismo islámico, flamenco, asociaciones de gitanas por la igualdad, o una crónica biográfica sobre la infernal vida de la joven escritora Martha Gellhorn, entre otras muchas cosas.

En fin, que es un orgullo aportar mi granito de arena entre tanta buena gente que hace trabajos tan buenos. Aquí os dejo el link y aquí el documento en issuu. ¡¡Espero que os guste, que disfrutéis la revista tanto como yo, y muchísimas gracias a Carmen y a Sara por acogerme en tan buenas páginas!!


lunes, 1 de junio de 2015

Diario: si hubieseis visto su rostro

La fotografía es un fotograma de la película América América (1963).



Por eso es necesario aprender. Por eso. Por eso. Porque me he cruzado esta tarde con un chico en el tranvía hablando español, escuálido, desesperado, sin dinero. Le han estafado, ha venido con una maleta, un bocadillo y una chamarra en busca de trabajo en el campo porque le quedan dos meses de subsidio. Y una empresa española le ha engañado para venir a trabajar a Francia. Ha gastado sus últimos ahorros en venir a por un contrato que finalmente no ha firmado. Solamente quiere trabajar. Tiene los ojos desencajados y el rostro agotado. Me dice que él quería haber estudiado, pero que no. Que había estado viajando desde los quince años con su madre por España, buscando de qué vivir. Que había trabajado en la construcción y que durante una larga época ganó dinero y nunca pensó que fuera a tener problemas en el futuro. Que venía de Valencia haciendo autoestop y había gastado sus últimos euros en un blablacar que le habían anulado. Que llevaba cuatro noches durmiendo en la calle y pasando frío, y que no sabía cómo volver a España, ni decir ni una palabra de francés y estaba desesperado. Por eso es necesario decir. Por eso es necesario aprender. Por eso hoy, después de intentar ayudarle he maldecido el estado español, y tras agradecer a mi familia y a los dioses tantas cosas, he recordado que aún somos afortunados, y que tenemos que seguir aprendiendo y luchando para que no pasen más cosas como éstas.

domingo, 31 de mayo de 2015

Notas sobre la Feria del libro de Montpellier: España en la palestra.

Ilustraciones de Lucile Placin










Este fin de semana ha tenido lugar la Comédie du Livre, la feria del libro de Montpellier y alrededores. Este año España y Portugal han sido los países invitados. La feria como tal dura tres días, del viernes 29 al domingo 31, aunque ya desde hace meses en Montpellier y alrededores las mediatecas, bibliotecas municipales y otros colectivos organizan actividades en torno a ella. 

Como inconveniente diré que la corta duración de la feria implica que haya muchos actos al mismo tiempo, por lo cual el asistente debe de elegir qué es lo que prefiere ver. Por esa razón yo me he centrado en la literatura española, dejando de lado las manifestaciones de nuestros hermanos portugueses.

Como algunos ya sabréis o imaginaréis, el sur de Francia en general y la región del Languedoc Roussillon en particular, existe un especial interés, historia común y lazos con España. En este contexto se engloban las presentaciones de documentales y documentos radiofónicos sobre la Retirada, charlas/espectáculo sobre el exilio español, etcétera. Además este año algunos de los autores invitados han sido Bernardo Atxaga, Belén Gopegui, Suso de Toro, Lucía Etxebarría, Manuel Rivas o Andrés Trapiello. 





Entre otras actividades y asociaciones, algunos de los debates organizados se centraron en la cuestión de la lengua y cómo ésta puede construir una identidad. Muy interesante la protagonizada por Bernardo Atxaga, en la que se planteó el significado, la importancia y la potencia política, creativa, familiar, estética del uso de la lengua vasca en su escritura. Así es como otros autores como Suso de Toro o Sergi Pàmies han participado también en presentar y animar talleres sobre sus lenguas, animados por la Hispanothèque, asociación española de Montpellier. 

Alguna que otra cosa me ha resultado bastante decepcionante, como el interés por vender y mercantilizar movimientos sociales y políticos en España, en el caso de la charla/debate en torno al libro "Claro que Podemos" publicado por Libros del Tigre de Barcelona, cuyo editor, Enrique Murillo, además de no haberse preparado la intervención, intentó dar una especie de clase sobre la historia reciente de España, en un tono jocoso, sarcástico, irrespetuoso y muy falto de rigor informativo.

En lo que a poesía se refiere, el ya nombrado Trapiello, así como los autores Dani Orviz -que es ya un imprescindible en la región con su "Mecánica Planetaria"-, Noni Benegas y Janine Gdalia han protagonizado este año la feria. También Andrés Trapiello comentó y leyó algunos de sus poemas en un acto dedicado a su escritura poética, y naturalmente algún que otro clásico: un pequeño acto en torno a la figura de García Lorca y un recital/proyección/espectáculo en el que participé, en torno a la figura y la poesía de Rafael Alberti. 




Pero mis encuentros favoritos en esta Comédie du Livre de 2015 han sido quizás los más inesperados: la charla de Belén Gopegui en torno a su obra, el encuentro con Cécile Coulon -joven autora francesa que está arrasando con sus ya numerosas novelas- y el descubrimiento de las ilustraciones de Lucile Placin, que encabezan este post.


lunes, 25 de mayo de 2015

Soy madrileña.



Nací en una ciudad maravillosa, en la que he vivido 24 años de mi vida, hasta que las circunstancias económicas y sociales me hicieron emigrar a estudiar y buscarme la vida en otra parte. Aún así, antes que española y casi antes que cualquier otra cosa, siempre digo que soy Madrileña, y de Lavapiés. 

Cuando nací, en el año 86, mis padres vivían en la calle Hortaleza, en pleno barrio de Chueca, donde habían crecido mi padre y mi tío, en plena Movida. Cuando nació mi hermana nos mudamos a un barrio más tranquilo y menos incómodo, así que nos trasladamos al Barrio de la Estrella. Allí fuimos al colegio y al instituto. Vivíamos en Conde de Casal, en una urbanización con jardines y árboles, y parques interiores, donde jugábamos con los vecinos. Íbamos andando al colegio, conocíamos a los trabajadores de los comercios locales, a los compañeros del cole que vivían cerca, y hacíamos vida de barrio. Mi hermana y yo compartíamos habitación hasta que fuimos demasiado mayores, y entonces mi padre tuvo que desmontar su cuartito de pintar para cedérmelo como una habitación individual. Nuestra casa era algo pequeña y vivíamos en un cuarto piso sin ascensor, así que para mi último año de instituto nos cambiamos de barrio y nos vinimos a Atocha. 



Abandonamos la vida de barrio por lo que a mí, con mi mirada de dieciséis años, me parecía la impersonal vida del centro de la ciudad. Santa María de la Cabeza y sus túneles, sus obras, su ruido, su tráfico. Tenía que tomar el metro y hacer transbordo para acudir a mi último año de instituto. Antes vivíamos a los pies de la M30, sí, pero conocíamos al panadero, y a los vecinos. Ahora la ciudad era otra, era grande, ruidosa, vibrante y nueva. Estudié la Selectividad en una habitación cuya ventana daba a un patio interior, y ya entonces comenzaba a pasearme de vez en cuando por la calle Argumosa y de Lavapiés, donde descubrí un sentimiento local y de barrio que me sedujo en medio del batiburrillo loco del centro de la ciudad.



Empecé la carrera en la Complutense, y entonces comencé a salir mucho por Malasaña, por Chueca y por mi propio barrio. Madrid era una ciudad acogedora, gentil, con sus pequeñas leyendas cotidianas. Los "jevis" del Madrid Rock, La Ofrenda (garito de rock hasta las seis), la Vía Láctea, la calle Salitre... 

Y en cuarto de carrera me marché de Erasmus. Llevaba estudiando francés bastantes años, y la cultura gala siempre había llamado mi atención, así que recibí con alegría una plaza en Nanterre, la universidad parisina. Cuando me fui estaba emocionada, y un poco cansada ya de la ciudad, quería ver lugares nuevos, y qué mejor que París para empezar, ciudad con la que siempre había soñado. 



Pero París resultó ser una ciudad contradictoria -y no por ello menos interesante-. Cincuenta por ciento maravillosa, pero cincuenta por ciento cruel, París me enseñó muchas cosas, me dio muy buenos amigos, pero también me hizo valorar, a mi vuelta, mi ciudad. Empecé entonces a descubrir otro Madrid que reconstruí e hice mío: Madrid era una ciudad mucho menos individualista que París. 



Lavapiés se convirtió en mi "guetto" personal, perseguí las quedadas poéticas, los recitales, los cursos, y casi todos ellos tenían lugar en mi barrio, que desde hace bastantes años tiene una efervescencia cultural, social, e internacional muy importante. También iba a menudo por Malasaña, por el Patio Maravillas, o por la Tabacalera, centros sociales en los que se palpaba el germen del poder y la solidaridad popular. Pasaron un par de años así, y finalmente terminé la carrera. Comencé a trabajar y, después de algunos años de precariedad, obtuve un contrato de unos meses en la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid. Para entonces la ciudad había cambiado: Proyectos como Eurovegas, ridículas candidaturas olímpicas, infinitas obras en Madrid Río, en las autopistas de Madrid, en los subsuelos, cobraban una importancia considerable. El metro de Madrid renueva sus líneas y deja de funcionar con dignidad, pero en su lugar implanta pantallas gigantes con la cara de la presidenta de la Comunidad y sus secuaces, y mensajes pseudosubliminales de gente feliz y orgullosa de ser madrileña gracias al Partido Popular. Privatización de hospitales, construcción de centros sanitarios faraónicos que después han sido pseudoabandonados... 
Yo ya planeaba mi huida: ahorraba lo más posible para buscar un plan b, un salvoconducto al paro, la precariedad y la falta de oportunidades y perspectivas de futuro. Y entonces, el 15M. 



Una ciudad en la que habían eliminado los espacios públicos, los bancos, los parques, los lugares ciudadanos de reunión, se levantó y dijo "somos muchos, y no estamos solos". El 15-M madrileño me hizo volver a confiar en las personas, en los madrileños, en el espíritu colectivo de la ciudad, y posteriormente, del país. La gente hablaba, se escuchaba, convivía, consensuaba. Aguantábamos asambleas generales interminables, en la Puerta del Sol, a las ocho de la tarde, a cuarenta grados. Seguíamos todo lo que sucedía a través de las redes sociales. Ahí se creó una conciencia pública y social. Y frente a la hostilidad de las políticas del Partido Popular, se forjaron redes de solidaridad popular y otro Madrid, un Madrid subterráneo, sigiloso, justo, del que hoy puedo estar orgullosa. 



A pesar de todo ello, en 2012, la precariedad laboral y las pocas perspectivas de futuro me hicieron tomar la decisión de mudarme a Francia, donde resido hoy, y donde intento llevar a cabo lo que despertó en mí el 15-M, trabajar en los movimientos sociales y en la opción política que considero la más digna y correcta. Pero desde que me fui, cada vez que he bajado a Madrid ha sido para volverme a Francia enfadada, frustrada, escaldada con alguna otra medida nueva del Partido Popular: en este tiempo han desaparecido los pocos lugares públicos de reunión que quedaban, han incentivado las diferencias sociales entre los barrios, han endurecido la violencia policial, han prohibido las protestas, han cortado árboles y reducido los espacios verdes, han aumentado el precio del transporte público y reducido su calidad a niveles desorbitados, y han instalado paradas de autobús "antimendigo", entre otras medidas estelares: han hecho de Madrid su particular cortijo. 



Y es por esa razón por la que hoy estoy tan orgullosa de ser madrileña: porque desde que he venido esta última vez no veo más que alegría e ilusión por las calles, solidaridad, recuperación de los espacios comunes, convergencia, acuerdos, debates, diálogo. Porque hemos reaccionado, nos hemos organizado, hemos reflexionado cómo queremos que sea nuestra sociedad, cómo queremos una ciudad de la que sentirnos parte, hemos optado por la unidad popular, hemos creído en nuestras posibilidades de cambio y de acción, hemos aprendido a construirnos como sociedad de otro modo distinto al que el poder más sectario y corrupto ha querido imponernos. 



Hemos sido capaces de superar el bipartidismo de los partidos de siempre, de superar el odio intencionado que han querido generar en nuestra vida cotidiana, nuestra incomunicación con los vecinos, con los próximos, con los que son como nosotros.  Es increíble lo que la gente ha hecho con su esfuerzo personal, sus ganas, su ilusión, su participación. Una campaña sin un céntimo,  con milagros como el Movimiento de Liberación Gráfica (al que debo todas las imágenes de este post), solamente con la alegría como arma, y su optimismo como mejor resistencia. Hoy somos un Madrid más solidario, más justo, un Madrid que ha recuperado su sonrisa, un Madrid al que querer volver, en el que querer vivir. Es por eso por lo que hoy, más que nunca, me siento orgullosísima de ser madrileña. GRACIAS.