miércoles, 19 de septiembre de 2012

La herida de Gallagher.



"Paseamos despreocupadamente por las tiendas del muelle,
a la espera de cruzar con
el ferry: aún no sabemos
que te estás muriendo".

Tess Gallagher, El Puente que cruza la luna, 
Bartleby Ediciones,
 traducción: Eduardo Moga.


Desde hace más de una semana quiero hablar de la poesía de Tess Gallagher, pero entre unas cosas y otras no he podido hacerlo (sí, por cuestión de hospitales) hasta ahora. 

La autora escribió este libro tras la muerte de su marido, Raymond Carver, y en él plasma toda la herida que para ella supuso la pérdida de éste. Hay algunas cosas que me han llamado la atención, en primer lugar, -y sí, quizás sea obvio o superficial- la fuerza de esta voz poética femenina. Sobre la base de la desolación, Gallagher construye su poesía a través de la importancia de la iconografía del detalle. El recuerdo se transforma en retales reveladores, iluminatorios -¿iluminatorios?-, que dan respuestas a la autora y se nos presentan como una cotidianidad tranquila, que conforma, tanto su identidad, como la de su relación con Carver. 

En segundo lugar, utiliza el tema de la enfermedad de éste como un territorio sobre el que reconstruirlo, en una búsqueda del equilibrio entre vivos y muertos. Acepta la vivencia de la idea de la muerte a través de la memoria. La importancia que otorga a los momentos de quietud conforma también su estilo, frío y sereno. Utiliza un verso suave, musical, tranquilo y pausado, un lenguaje transformado por el dolor, en una poesía libre de rígidas articulaciones formales, y que se deja fluir sola. No habla de tristeza: Habla de la herida desde sus adentros. 

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