domingo, 31 de mayo de 2015

Notas sobre la Feria del libro de Montpellier: España en la palestra.

Ilustraciones de Lucile Placin










Este fin de semana ha tenido lugar la Comédie du Livre, la feria del libro de Montpellier y alrededores. Este año España y Portugal han sido los países invitados. La feria como tal dura tres días, del viernes 29 al domingo 31, aunque ya desde hace meses en Montpellier y alrededores las mediatecas, bibliotecas municipales y otros colectivos organizan actividades en torno a ella. 

Como inconveniente diré que la corta duración de la feria implica que haya muchos actos al mismo tiempo, por lo cual el asistente debe de elegir qué es lo que prefiere ver. Por esa razón yo me he centrado en la literatura española, dejando de lado las manifestaciones de nuestros hermanos portugueses.

Como algunos ya sabréis o imaginaréis, el sur de Francia en general y la región del Languedoc Roussillon en particular, existe un especial interés, historia común y lazos con España. En este contexto se engloban las presentaciones de documentales y documentos radiofónicos sobre la Retirada, charlas/espectáculo sobre el exilio español, etcétera. Además este año algunos de los autores invitados han sido Bernardo Atxaga, Belén Gopegui, Suso de Toro, Lucía Etxebarría, Manuel Rivas o Andrés Trapiello. 





Entre otras actividades y asociaciones, algunos de los debates organizados se centraron en la cuestión de la lengua y cómo ésta puede construir una identidad. Muy interesante la protagonizada por Bernardo Atxaga, en la que se planteó el significado, la importancia y la potencia política, creativa, familiar, estética del uso de la lengua vasca en su escritura. Así es como otros autores como Suso de Toro o Sergi Pàmies han participado también en presentar y animar talleres sobre sus lenguas, animados por la Hispanothèque, asociación española de Montpellier. 

Alguna que otra cosa me ha resultado bastante decepcionante, como el interés por vender y mercantilizar movimientos sociales y políticos en España, en el caso de la charla/debate en torno al libro "Claro que Podemos" publicado por Libros del Tigre de Barcelona, cuyo editor, Enrique Murillo, además de no haberse preparado la intervención, intentó dar una especie de clase sobre la historia reciente de España, en un tono jocoso, sarcástico, irrespetuoso y muy falto de rigor informativo.

En lo que a poesía se refiere, el ya nombrado Trapiello, así como los autores Dani Orviz -que es ya un imprescindible en la región con su "Mecánica Planetaria"-, Noni Benegas y Janine Gdalia han protagonizado este año la feria. También Andrés Trapiello comentó y leyó algunos de sus poemas en un acto dedicado a su escritura poética, y naturalmente algún que otro clásico: un pequeño acto en torno a la figura de García Lorca y un recital/proyección/espectáculo en el que participé, en torno a la figura y la poesía de Rafael Alberti. 




Pero mis encuentros favoritos en esta Comédie du Livre de 2015 han sido quizás los más inesperados: la charla de Belén Gopegui en torno a su obra, el encuentro con Cécile Coulon -joven autora francesa que está arrasando con sus ya numerosas novelas- y el descubrimiento de las ilustraciones de Lucile Placin, que encabezan este post.


lunes, 25 de mayo de 2015

Soy madrileña.



Nací en una ciudad maravillosa, en la que he vivido 24 años de mi vida, hasta que las circunstancias económicas y sociales me hicieron emigrar a estudiar y buscarme la vida en otra parte. Aún así, antes que española y casi antes que cualquier otra cosa, siempre digo que soy Madrileña, y de Lavapiés. 

Cuando nací, en el año 86, mis padres vivían en la calle Hortaleza, en pleno barrio de Chueca, donde habían crecido mi padre y mi tío, en plena Movida. Cuando nació mi hermana nos mudamos a un barrio más tranquilo y menos incómodo, así que nos trasladamos al Barrio de la Estrella. Allí fuimos al colegio y al instituto. Vivíamos en Conde de Casal, en una urbanización con jardines y árboles, y parques interiores, donde jugábamos con los vecinos. Íbamos andando al colegio, conocíamos a los trabajadores de los comercios locales, a los compañeros del cole que vivían cerca, y hacíamos vida de barrio. Mi hermana y yo compartíamos habitación hasta que fuimos demasiado mayores, y entonces mi padre tuvo que desmontar su cuartito de pintar para cedérmelo como una habitación individual. Nuestra casa era algo pequeña y vivíamos en un cuarto piso sin ascensor, así que para mi último año de instituto nos cambiamos de barrio y nos vinimos a Atocha. 



Abandonamos la vida de barrio por lo que a mí, con mi mirada de dieciséis años, me parecía la impersonal vida del centro de la ciudad. Santa María de la Cabeza y sus túneles, sus obras, su ruido, su tráfico. Tenía que tomar el metro y hacer transbordo para acudir a mi último año de instituto. Antes vivíamos a los pies de la M30, sí, pero conocíamos al panadero, y a los vecinos. Ahora la ciudad era otra, era grande, ruidosa, vibrante y nueva. Estudié la Selectividad en una habitación cuya ventana daba a un patio interior, y ya entonces comenzaba a pasearme de vez en cuando por la calle Argumosa y de Lavapiés, donde descubrí un sentimiento local y de barrio que me sedujo en medio del batiburrillo loco del centro de la ciudad.



Empecé la carrera en la Complutense, y entonces comencé a salir mucho por Malasaña, por Chueca y por mi propio barrio. Madrid era una ciudad acogedora, gentil, con sus pequeñas leyendas cotidianas. Los "jevis" del Madrid Rock, La Ofrenda (garito de rock hasta las seis), la Vía Láctea, la calle Salitre... 

Y en cuarto de carrera me marché de Erasmus. Llevaba estudiando francés bastantes años, y la cultura gala siempre había llamado mi atención, así que recibí con alegría una plaza en Nanterre, la universidad parisina. Cuando me fui estaba emocionada, y un poco cansada ya de la ciudad, quería ver lugares nuevos, y qué mejor que París para empezar, ciudad con la que siempre había soñado. 



Pero París resultó ser una ciudad contradictoria -y no por ello menos interesante-. Cincuenta por ciento maravillosa, pero cincuenta por ciento cruel, París me enseñó muchas cosas, me dio muy buenos amigos, pero también me hizo valorar, a mi vuelta, mi ciudad. Empecé entonces a descubrir otro Madrid que reconstruí e hice mío: Madrid era una ciudad mucho menos individualista que París. 



Lavapiés se convirtió en mi "guetto" personal, perseguí las quedadas poéticas, los recitales, los cursos, y casi todos ellos tenían lugar en mi barrio, que desde hace bastantes años tiene una efervescencia cultural, social, e internacional muy importante. También iba a menudo por Malasaña, por el Patio Maravillas, o por la Tabacalera, centros sociales en los que se palpaba el germen del poder y la solidaridad popular. Pasaron un par de años así, y finalmente terminé la carrera. Comencé a trabajar y, después de algunos años de precariedad, obtuve un contrato de unos meses en la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid. Para entonces la ciudad había cambiado: Proyectos como Eurovegas, ridículas candidaturas olímpicas, infinitas obras en Madrid Río, en las autopistas de Madrid, en los subsuelos, cobraban una importancia considerable. El metro de Madrid renueva sus líneas y deja de funcionar con dignidad, pero en su lugar implanta pantallas gigantes con la cara de la presidenta de la Comunidad y sus secuaces, y mensajes pseudosubliminales de gente feliz y orgullosa de ser madrileña gracias al Partido Popular. Privatización de hospitales, construcción de centros sanitarios faraónicos que después han sido pseudoabandonados... 
Yo ya planeaba mi huida: ahorraba lo más posible para buscar un plan b, un salvoconducto al paro, la precariedad y la falta de oportunidades y perspectivas de futuro. Y entonces, el 15M. 



Una ciudad en la que habían eliminado los espacios públicos, los bancos, los parques, los lugares ciudadanos de reunión, se levantó y dijo "somos muchos, y no estamos solos". El 15-M madrileño me hizo volver a confiar en las personas, en los madrileños, en el espíritu colectivo de la ciudad, y posteriormente, del país. La gente hablaba, se escuchaba, convivía, consensuaba. Aguantábamos asambleas generales interminables, en la Puerta del Sol, a las ocho de la tarde, a cuarenta grados. Seguíamos todo lo que sucedía a través de las redes sociales. Ahí se creó una conciencia pública y social. Y frente a la hostilidad de las políticas del Partido Popular, se forjaron redes de solidaridad popular y otro Madrid, un Madrid subterráneo, sigiloso, justo, del que hoy puedo estar orgullosa. 



A pesar de todo ello, en 2012, la precariedad laboral y las pocas perspectivas de futuro me hicieron tomar la decisión de mudarme a Francia, donde resido hoy, y donde intento llevar a cabo lo que despertó en mí el 15-M, trabajar en los movimientos sociales y en la opción política que considero la más digna y correcta. Pero desde que me fui, cada vez que he bajado a Madrid ha sido para volverme a Francia enfadada, frustrada, escaldada con alguna otra medida nueva del Partido Popular: en este tiempo han desaparecido los pocos lugares públicos de reunión que quedaban, han incentivado las diferencias sociales entre los barrios, han endurecido la violencia policial, han prohibido las protestas, han cortado árboles y reducido los espacios verdes, han aumentado el precio del transporte público y reducido su calidad a niveles desorbitados, y han instalado paradas de autobús "antimendigo", entre otras medidas estelares: han hecho de Madrid su particular cortijo. 



Y es por esa razón por la que hoy estoy tan orgullosa de ser madrileña: porque desde que he venido esta última vez no veo más que alegría e ilusión por las calles, solidaridad, recuperación de los espacios comunes, convergencia, acuerdos, debates, diálogo. Porque hemos reaccionado, nos hemos organizado, hemos reflexionado cómo queremos que sea nuestra sociedad, cómo queremos una ciudad de la que sentirnos parte, hemos optado por la unidad popular, hemos creído en nuestras posibilidades de cambio y de acción, hemos aprendido a construirnos como sociedad de otro modo distinto al que el poder más sectario y corrupto ha querido imponernos. 



Hemos sido capaces de superar el bipartidismo de los partidos de siempre, de superar el odio intencionado que han querido generar en nuestra vida cotidiana, nuestra incomunicación con los vecinos, con los próximos, con los que son como nosotros.  Es increíble lo que la gente ha hecho con su esfuerzo personal, sus ganas, su ilusión, su participación. Una campaña sin un céntimo,  con milagros como el Movimiento de Liberación Gráfica (al que debo todas las imágenes de este post), solamente con la alegría como arma, y su optimismo como mejor resistencia. Hoy somos un Madrid más solidario, más justo, un Madrid que ha recuperado su sonrisa, un Madrid al que querer volver, en el que querer vivir. Es por eso por lo que hoy, más que nunca, me siento orgullosísima de ser madrileña. GRACIAS. 

jueves, 21 de mayo de 2015

A veces hago collâges.

Nunca he sido una persona demasiado constante ni extraordinariamente habilidosa para las cosas manuales. Soy demasiado despistada, y, aunque durante algún tiempo y gracias a mi familia he pintado y dibujado, el trabajo manual que mejor se me da no es precisamente el de la pintura, sino más bien la cocina.

Sin embargo hay una técnica que siempre ha llamado mi atención por varias razones: se trata de el collâge. 

Recuerdo cuando de peques empezamos en Plástica a hacer collâges. Al principio me pareció una cosa bastante simplona y aburrida, pero cuando empecé a experimentar descubrí un ejercicio lleno de posibilidades. Después, como pasa habitualmente cuando creces, lo olvidé. Pero hace algunos años, empecé a experimentar con recortes de prensa, esta vez para enfocar sus resultados hacia mi interés por la escritura. El ejercicio, algo rudo y básico, quedó limitado a la escritura y las cartulinas de colores, pero me abrió las puertas a toda la cantidad de posibilidades que se nos ofrecen con unas tijeras y algunas revistas viejas. 

Desde hace algunos meses ando buscando otros modos de expresión. No para dejar de lado la poesía, sino para complementarla, enriquecerla, entremezclarla. Utilizar otras opciones, imagen, sonido, publicidad, ruido, etcétera, y uno de los ejercicios que he empezado a retomar ha sido el del collâge, esta vez más interesado en alternar imagen y palabra. Por ahora os dejo aquí algunos poemas-collâge, si se les puede llamar así, que hice hace algún tiempo. Espero que os gusten.




martes, 12 de mayo de 2015

España: Unos versos aquí.


La ilustración es un grabado de mi padre, Miguel Ruiz-Poveda. Más info aquí




Tengo en el pie tatuado el lugar al que volver
y sabe más mi tobillo sobre lo que dejé que cualquier mapa; 
no obstante
es mi patria parodia de sí misma, pandereta España,
abuelos y meriendas, cortijera España, despoblada, rural, fragmentada, sola,
herida-España, cántico solitario desde el trigo, silenciosa semilla germinada,
hambre para los hijos.
Max Estrella en el viaducto de Madrid
mirando los escombros de una sociedad que se quedó
sin cejas

desde las que mirar:

Y sin embargo.


lunes, 4 de mayo de 2015

Un domingo romano.





























Vaya un fin de semana movido. Ayer, después de un puente ya ajetreado, en el que no he visto demasiado mi casa -manifestación del primero de mayo, picnic y otras jaranas-, decido pasar el día fuera de Montpellier. Me voy a ver a una amiga y a pasar el día por ahí:

7:00 a.m: Suena el despertador. He dormido tres horas porque ayer salí y luego no podía dormirme. Es domingo y festivo, nada abierto, ni un alma en la calle.

8:00 a.m: Estoy en la estación de trenes. Cojo un tren con dirección a Nîmes, donde me espera una amiga para desayunar. Solamente llevo un café encima y miedo de quedarme dormida en el tren y pasarme la parada y despertar en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. 

9:00 a. m: He conseguido llegar a Nîmes sana, salva y sin dormirme por el camino. Silvia me espera haciendo gofres. Por el camino me cruzo con gente en atuendo romano y celta, paseando tranquilamente por la ciudad. Llego a su casa. Desayunamos felices. 

10:00 a.m: Nos dirigimos a Les Jardins de la Fontaine, donde va a dar comienzo la jornada de los Grandes Juegos Romanos de este año, un festival en el que se representan diferentes momentos de la historia de los romanos en la ciudad de Nîmes y alrededores.

10:30 a.m: En los jardines da comienzo la ceremonia de apertura, la oración y ofrenda a los dioses, así como la procesión hasta la Maison Carrée, rememorando la visita del emperador Adriano a Nîmes.

11:00 a.m: Al mismo tiempo, en estos jardines, tiene lugar la ceremonia celta en la que se rinde homenaje al dios Nemos, divinidad celta ligada al santuario del manantial. Se conmemoran y recrean las alianzas entre galos y romanos. Hablan en latín. Lloro.

11:30 a.m: Empieza, en el mismo lugar, una ceremonia de culto imperial, en honor al emperador Adriano. Explican los momentos históricos. Invocación, rezo, libación y sacrificio (no se mató al corderito, solamente se simuló). Entre el público, muchos niños miran alucinados a los romanos. También los adultos. 

12h: Da comienzo desde allí el desfile triunfal del emperador hasta la Maison Carré. Nosotras nos escapamos a dar un paseo, comprar tabaco y comer algo antes del anfiteatro. Hace buen tiempo y no estoy cansada todavía. 

14h: Hemos dado un paseo por la ciudad, y comido, antes de que continúen los juegos en el anfiteatro. Silvia me advierte de que tenemos que ir quizás un poco antes para encontrar un poco de sitio. Me llama Carmen, que está en Nîmes con unos amigos, y ha conseguido entradas de último momento para el anfiteatro. Quedamos allí. Terminamos de comer y vamos corriendo a los juegos. Hay romanos por la calle que hablan italiano, y una se siente como en los desiertos de Almería, grabando Ben Hur, o alguna película del estilo.

15.30h: Comienzan los juegos. Gritamos como si fuesen realmente a jugarse la vida. Como si no hubiera un mañana. Las mujeres lanzan panes al público, reparten pañuelos para decidir sobre la vida de los esclavos. Minotauros contra hombres, cartagineses contra romanos, bailarines, espectáculo ecuestre, Aníbal en su elefante. Votamos con pañuelos de colores a los esclavos cuya vida queremos salvar. El imperio romano mola. Quiero gritar en latín y rezar a los dioses paganos. El cansancio se ha esfumado. Ahora grito y aplaudo como una posesa. Esto es mejor que cualquier Señor de los Anillos o Juego de Tronos.

18:30h: Después del espectáculo y aún con la adrenalina por las nubes, vamos a tomar una cerveza y a pasear por Nïmes. Por el camino, riadas de romanos se lanzan a las casetas. La vacanal después del espectáculo. ¡Yo también quiero!, pienso. Cuando se me pasa el subidón empiezo a darme cuenta de que estoy agotada y de que tengo un sueño infernal. 

20:30: Me he pedido una cerveza y no ha sido una decisión muy inteligente. Empiezo a tener problemas para mantener los ojos abiertos. Fumo para no quedarme dormida mientras termino mi caña en la Maison Carré y observo a los romanos fornidos que pasan. 

21:30h: Mi subidón de adrenalina da sus últimos coletazos con Silvia en la estación, esperando a mi tren. Nos despedimos, y al tomar el tren regional tengo que convencer a todo un regimiento de seguratas de que he venido a los Juegos Romanos, no tengo el billete impreso pero tengo descuento en el trayecto. Como prueba, un póster terrible con un elefante enorme sobre el que Aníbal levanta una lanza. Me ven tan friqui que me mandan a sus "superiores", y a éstos les hago tanta gracia que me dejan pasar, sonriendo, sin problema, y con un poco de lástima cuando ven mi cara de agotamiento. Me peleo por no dormirme durante media hora, hablo por teléfono hasta llegar caminando a casa, hacer la cena a las 00h de la noche y caer muerta en la cama. Ha sido un día perfecto, me digo. ¡¡AVE!!

miércoles, 29 de abril de 2015

Microrrecital 2.0.

Bird Cage, de Jenny Liz Rome.



Hace un tiempo que experimento con algunos formatos y técnicas 2.0  con las que jugar. Es así como he redescubierto Soundcloud, una aplicación online desde la que compartir audios y grabaciones. Gracias a ella y a mi grabadora digital, puedo compartir con vosotros algunos poemas nuevos recitados por una servidora, que podéis escuchar desde esta plataforma. Aquí os dejo mi perfil: