Hoy quiero seguir hablando de insultos. Y, pensándolo un poco, he llegado a la conclusión de que nuestra generación (la de los ochenta...) le debemos mucho, en cuestión de tacos, a los colegas de La Hora Chanante, después Muchachada Nui. ¡¡Qué manera de difundir esos insultos castellanos tan auténticos!!
Tras este inciso, continúo hoy con esta cadena de posts sobre insultos en español. Añado en algunos casos imágenes que son explicaciones gráficas del término, para los lectores extranjeros que no entiendan del todo bien los juegos de palabras.
1.- Brasas: Ser un "brasas" es ser un pelma, un plasta, un pesado. Es la persona que "da la brasa" o "da la paliza" (también existe "ser un palizas"). Creo que es muy madrileño, como expresión y como insulto.
2.- Bocachancla: Uno de esos insultos formados por dos palabras, -boca y chancla- que quiere decir chismoso, persona indiscreta y "bocazas". Un artículo bastante absurdo sobre el "bocachanclismo" aquí.
3.- Mascachapas: Se refiere a una persona vulgar, de gustos y aficiones populares, o bien también a una persona un poco "drogas", que le gusta el alcohol.
4.- Tolai: Coloquialmente, un tonto, un pringado, alguien que no tiene demasiado carácter ni iniciativa.
5.- Soplagaitas: Es una persona imbécil e inoportuna, que llama la atención en el peor momento. Aquí la definición gráfica de soplar una gaita, para los lectores extranjeros, por si alguna duda cabía de lo absurdo del término:
6.- Cantamañanas: Igual que la anterior, una persona que canta por las mañanas, alguien importuno, como un "notas", que dicen en Madrid, porque "da la nota", o llama la atención cuando no debe.
7.- Moñas: un "moñas" es, generalmente, un cansino, que se repite siempre con las mismas historias, y, generalmente, bastante ñoño o empalagoso. Una "moñada" o "moñería" es una cursilada.
8.- Cenizo: Persona que tiene mala suerte o que transmite mala suerte o augurio. Es lo mismo que un "gafe" o un "agorero", solo que más gráfica, como un personaje gris.
9.- Fantoche: Un "fantoche" es una persona grotesca, desdeñable, neciamente presumida. Es lo mismo que un "fantasma". Ser un fantasma o decir fantasmadas es lo mismo también que ser un fanfarrón, pero fantoche tiene un sentido más negativo, algo así como ser una caricatura de uno mismo. La palabra proviene del francés fantoche, y el Larousse lo define así: Qui est le jouet d'une puissance plus grande, qui n'est pas représentatif : Gouvernement fantoche. / Qui n'est pas sérieux, qui n'a que les apparences de quelque chose :Une armée fantoche. (1.- Que es el juguete de un poder mayor, que no es representativo. Ejemplo: un gobierno fantoche. 2.- Que no es serio, que no es más que la apariencia de algo. Ejemplo: Un ejército fantoche). Es un insulto que me gusta mucho porque, además de antiguo, es muy sonoro y rotundo, más en español que en francés.
10.- Gaznápiro: Alguien un poco palurdo o simplón, que se queda embobado con cualquier cosa. Me suena a palabra de Quevedo, antigua y elegante, y me gusta. Es otro de esos "feel like a Sir" de los insultos. ¡Hay que decirlo más!
11.- Cuerpoescombro: Digamos que es lo contrario del típico físico fuerte y deportista. Se dice de quien tiene pinta de debilucha, blandengue, y generalmente delgaducho. Un escombro es una ruina, los deshechos de las obras que no valen para nada,
12.- Botarate: Según la RAE. se dice de un hombre alborotado y de poco juicio. También puede querer referirse a una persona manirrota, derrochadora. En general, creo que es un término que se usa más en América Latina, y me parece que suena tan absurdo como su propio significado, por eso me gusta.
13.- Perrocostra o perroflauta: El término se utiliza para designar la "tribu urbana", con una estética particular, y es a eso a lo que se remite el insulto: Al físico "punqui", desaliñado, jipilongo y cuyos dos complementos son esenciales: un perro y una flauta. Cuando se llama a alguien "perroflauta", generalmente es peyorativo, se refiere a persona de dudosa higiene y de aspecto "poco respetable", podemos decir. Se le dio ese término a los indignados a modo de caricaturización en sus inicios, y ahora existen también los yayoflautas, es decir, los abuelos perroflautas o protestones "antisistema", que protagonizan gran parte de las manifestaciones y protestas actualmente en España.
14.- Adobado: Un "adobado" es lo mismo que un "acoplado". Esas personas que se autoinvitan a fiestas, encuentros o conversaciones. Adobar es el hecho de curtir las pieles, y en lo que respecta a la comida, el adobo es un preparado especial que se unta en ella. Por eso la idea me gusta, es como una persona que se te pega, que se autoañade a una situación en la que no se le esperaba.
15.- Asaltacunas: Otro de esos insultos bastante gráficos: se dice de los hombres y las mujeres mayores que se sienten atraídos por mujeres u hombres mucho más jóvenes, e incluso adolescentes. Alguien que entabla una relación sentimental con una persona notablemente más joven.
16.- Chuloplaya: Otro de esos insultos compuestos, se refiere a los "chulos de playa", esa especie de seres -generalmente hombres- muy musculosos, bronceados, repeinados, que baja a la playa a presumir de cuerpo serrano y a dejarse ver.
17.- Panoli: Es uno de estos adjetivos que no son tan coloquiales como para no aparecer en el diccionario de la RAE. Al parecer, proviene del valenciano (pa en oli, pan con aceite, una especie de bollo), y designa a una persona simple y sin voluntad.
18.- Tarambana: Se dice coloquialmente, -también según la RAE- de una persona alocada y de poco juicio. Es uno de estos insultos que me gustan por elegantes, y por poéticos. Me hace pensar en estos versos de Antonio Machado, de "El Mañana Efímero", uno de mis poemas favoritos:
La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y alma inquieta,
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
19.- Chupóptero: Me gusta como insulto porque en su sonoridad lleva implícito el hecho de ser un parásito y de "chupar del bote". Se dice de aquél que vive perciibendo uno o más sueldos, aprovechándose del sistema, sin prestar servicios efectivos. También se dice coloquialmente de aquellas personas que intentan aprovecharse de la energía de los demás.
20.- Tarugo: Es lo mismo que "mendrugo". Se trata de un trozo de pan (o en el caso de tarugo, también puede referirse a la madera), generalmente grueso y corto, escaso, pequeño. Como insulto se refiere a una persona tonta, de rudo entendimiento.
¿Qué otros insultos os gustan? ¿Hay alguna expresión que digais habitualmente con alguna de estas palabras, o con otras? Y si sois americanos... ¿Cuáles son los insultos más divertidos?
Hoy quería hacer una de estas listas que me gustan sobre curiosidades del idioma. Esta vez he escogido un tema que me parece muy divertido (¡y variadísimo!), y es el de los insultos en español.
¿Cuántos insultos existen en español que se usen corrientemente? ¡Millones, diría yo! ¡Y qué difícil es escoger! Muchos alumnos y personas extranjeras que aprenden español una de las cosas que más comentan sobre el idioma es la cantidad de insultos que tiene, y eso que no conocen ni una parte de los insultos más "clásicos" y castizos de nuestra lengua. Lo sorprendente, a mi parecer, es la enorme imaginación que tenemos para inventarnos insultos. ¡Insultar es todo un arte! Voy a centrarme sobre todo en España, que es lo que mejor conozco, aunque ¡Propuestas y comentarios sobre los insultos en América Latina son bienvenidos! Aquí os dejo, sin más divagaciones, una primera lista de trece de mis insultos favoritos del español:
1.- Canelo: Significa tonto, o simplón. Se utiliza sobre todo en la expresión "hacer el canelo", como "hacer el tonto". Alguien "canelo" o que "hace el canelo" es también quien se deja engañar fácilmente.
2.- Mamarracho: Mi favorito con diferencia. Se dice de una persona que no merece respeto, un sinvergüenza, o también de quien es extravagante y ridículo. Es rotundo, me gusta su sonoridad, tiene mucho que ver con su significado.
3.- Truhán: Es un insulto muy antiguo, que aparece en zarzuelas y piezas del XIX... (sí, sí, también en la canción de Julio Iglesias...). Me gusta por su h intercalada, y su sonoridad. Es un insulto "con clase", como el "feel like a sir" de los insultos. Literalmente, truhán es una persona que vive de engaños o de estafas, desvergonzada, o que con su desparpajo intenta camelar y hacer reír a la gente.
4.- Mequetrefe: También un insulto clásico, que me suena muy literario y a la vez divertido. Se refiere a esas personas que están ahí en medio, estorbando, entrometiéndose y "de poco provecho". Me gusta porque la sonoridad se corresponde mucho con el significado. Suena muy rotundo.
5.- Meapilas: Como la propia palabra indica, proviene de la unión de "mear" y "pila". Y el significado, -muy visual, por cierto, gracias al significante- es el de aquél que es un exagerado en sus actos de devoción. Al parecer, según la RAE, es un sinónimo de "gazmoño", que también es uno de mis insultos favoritos. Además, el concepto de "meapilas" me encanta.
6.- Chupatintas: Según la RAE, un chupatintas es "un oficista de poca categoría". Se utiliza, -creo, corregidme si me equivoco- para hablar de aquellas personas que aparentan ser alguien importante y después no son más que el resto. Una especie de "wannabe" a la castiza. Además, la idea de chupar tinta me parece muy gráfica.
7.- Merluzo: Se dice de alguien bobo, tonto, con poca inteligencia o torpe. Lo escucho mucho y lo uso de vez en cuando, me gusta la idea de ser simplón como una merluza, o soso como una merluza. Es como "besugo", me imagino al pescado con la boca abierta. Muy gráfico también.
8.- Majadero: Es uno de estos insultos clásicos, que me suenan a libro de caballerías. Si "majar" es "machacar" (sobre todo refiriéndose a golpear el trigo y los cereales para hacer harina), es también importunar, cansar, o molestar. Un "majadero", entre otras cosas, es el martillo que se utilizaba para realizar esta labor, y se dice también de aquél que es necio. A mí me suena al Capitán Alatriste o a los Tres Mosqueteros y me hace gracia.
9.- Pagafantas: Aunque el insulto se hizo (más) popular con la comedia cinematográfica que lleva el mismo nombre, se decía, por supuesto, antes. Es aquél que PAGA las FANTAS, es decir, las bebidas a los otros. Un "pringado". Me encanta el concepto porque es ¡tan gráfico! aquél chico o chica que tiene una relación amistosa con un hombre o mujer por la que se siente atraído, pero siendo incapaz de producir un encuentro sexual o sentimental, y quedándose en "el mejor amigo". También puede ser un "tonto útil", que solamente quiere agradar a los demás, que carece de carácter ni influencia.
10.- Cenutrio: Alguien cateto, zoquete, vago, y un poco tonto. Es una de estas palabras que suenan tan absurdas como lo que significan. ¡Habría que decirla más!
11.- Zampabollos: Literalmente, zampar: comer, así que se refiere a una persona que come con exceso o con ansia. También se puede decir con el sentido de vago, de perezoso. También me gusta su sonoridad.
12.- Pintamonas: Literalmente, "pintor de poca habilidad". Aunque yo lo relaciono más con persona que pierde el tiempo, porque "pintar la mona" es eso, es hacer algo que no vale para nada. Un pintamonas es un poco como un mequetrefe, es decir, alguien que estorba o entorpece una tarea con algo que no sirve para nada, aunque no con el sentido peyorativo de la segunda, sino que es quizás simplemente una persona sin oficio ni beneficio.
13: Gilipollas: Como buena madrileña que soy, no podía faltar mi insulto más usado, castizo y preferido. Ya hablé de su explicación y el origen del término en este post que hice sobre "madrileñismos".
¿Cuáles son los vuestros? Y si sois americanos ¿Cuáles son los más divertidos por allá?
(Sí, reíd, digo esto después de semanas sin escribir por aquí. Paradojas de la vida. Así somos).
Yo creo que también escribo para salvarme. Sé que no escribo tanto como debería. A veces tengo miedo. Miedo ¡a tantas cosas! al fracaso, pero sobre todo, miedo a la verdad. Pero al final necesito ese salvavidas que es la escritura y la poesía. Escribo para creer, igual que comunico. Escribo para tener fe. Para transformar, para dar forma a mi propio pensamiento. Para construirme éticamente. Escribo como en una búsqueda infantil. Porque me gustaría inventar los espacios que un día imaginé. Porque creo en la comunicación entre las personas. Porque creo en el lenguaje como herramienta y como fin en sí mismo. En la imagen. En el relámpago. En la madeja de lenguas, es donde quiero construir una trinchera al huracán. Una trinchera que sea huracán. Una arboleda, refugio abierto al visitante y al viajero. No hablo sobre pretensiones pero secretamente, las tengo. Escribo lo que no sé decir de otro modo. Escribo como forma de intercambio, de entendimiento, de esperanza. La soledad no es una respuesta a la escritura. Al menos, no solamente, sí causa. Jamás la comunicación tiene una finalidad solitaria. Sin embargo, Perfilo lentamente lo que digo, y me desdigo a menudo. Por eso no todo es decible, susceptible de ser mostrado. Escribo desde la entraña, desde lugares que no sé que existen hasta el momento exacto de ser nombrados. Escribo para no olvidar. Como hallazgo del fuego, de un pequeño halo de calor cotidiano. Como respuesta a la enfermedad de carácter. Como rechazo a la incomunicación. Reivindico la palabra como pilar social. Escribo como búsqueda, como pasatiempo, como resistencia. Y así.
Hoy he venido a hablaros de mi infancia. He venido a deciros que este libro fue el regalo de Reyes de mis trece años, y que me cambió. Quiero deciros que mi animal favorito siempre fue la tortuga, que teníamos tortugas en la terraza del abuelo, y que una vez mi hermana y yo tuvimos una muy pequeña en casa, a la que soltamos en un parque antes de que muriera de pena, y desde entonces me pregunto qué habrá sido de ella. Quiero deciros que soy lenta y que quiero a mis amigos. Que escribí una tesina sobre el tiempo. Que nunca llevo reloj, que me da miedo la gente que va a trabajar vestida de traje, y que siempre he sentido ternura por los barrenderos que ven amanecer las calles de Madrid, y me imagino a Beppo con una gran escoba en mitad de una Gran Vía vacía. Que me gusta la gente que encuentra las palabras adecuadas. Quiero deciros que todos los días lucho contra la prisa, que temo a la tecnología, y que me horroriza la deshumanización. Quiero deciros que no necesito demasiado para vivir, pero no podría hacerlo sin historias, y sin amigos. Contaros que creo en el lenguaje como el extraordinario mecanismo que unifica a la humanidad. Que, pienso que lo más parecido a una ilustración de un hombre gris ha sido siempre la famosa pintura de Magritte de aquél sombrero sin rostro. Que mi mayor pavor siempre ha sido dejar de sentir, y convertirme en uno de esos hombres. Que no me gustan los libros infantiles con fotografías, que deberían estar prohibidos, que deberían de ser todos ilustrados, que de pronto quiero ser ilustradora de Michael Ende y dibujar Momo tal y como lo imaginé. Que tengo miedo de lo que poseo. Que una vez escribí un cuento sobre una tortuga, porque desde siempre he soñado con que las tortugas me hablen sobre su lentitud, sobre su sabiduría, sobre el enigma de su existencia, sobre los misterios del mundo que sólo ellas conocen, porque lo han visto todo. Quiero deciros que una vez cada doce meses, desde hace ya algunos años, lo releo, como un ritual, para no olvidar aquéllo en lo que cree esa niña de trece años a la que algunas veces no recuerdo.
¿Y el tuyo? ¿Cuál es tu libro favorito de la infancia?
Correr a la aventura detrás de la palabra, pero ¿dónde? salir en mitad de la tarde, después de la colada tendida a la sombra de un pequeño espacio. Lanzarme al exterior pero seguir dentro; dónde la aventura, dónde el riesgo, ¿dónde la soledad y la megalópolis? Rebusco entre los olores de algunos comercios y me cierran los cafés. Solamente resulta esta construcción desde el mar, desde los libros, desde el cine, desde la gente. Pero qué hacer en un epicentro tan pequeño, dónde ese fresco abismo que antes no necesitaba perseguir. Ahora es calma, la grieta es interior, la revolución es íntima, tranquila, solitaria.
Dónde la palabra ahora, ante tanta cotidianidad. No escribir ya más nunca aquéllo que como. No comer nunca más, ni fotografiar nunca más lo diario. Solamente vino, café, literatura. Películas, novelas, poemas que dibujan vertiginosas mujeres, torrencialmente vivas, palpitando en cuerpo, neumáticos, tequila, verbo, Pero no silencio. No a la ropa tendida junto al fuego. No a la rutina intransitable, agresiva, ruda. Dónde la juventud. No al punto y final, no al perfeccionamiento de la métrica. Anoto mentalmente: no olvidar edificar el huracán. Yo canto hoy a la torpeza, al cabello enredado, al rostro limpio, libre de maquillajes. Esto es abrir una ventana, es una débil voz que camina diminuta entre el lenguaje cifrado de la publicidad, es querer saltar al oleaje, amanecer, poner fin, decir basta, ser mujer precipicio.