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martes, 24 de abril de 2012

Maratón librero con cojera: El día del libro y la noche de los libros.





"No


Los premios son
Como las Dulcineas del Toboso

Mientras + pensamos en ellas
+ lejanas
+ sordas
+ enigmáticas
Los premios son para los espíritus libres
Y para los amigos del jurado
Chanfle
No contaban con mi astucia".


Nicanor Parra, Antipoema.


16.00h. Salgo de trabajar. Voy a la Librería Méndez en Calle Mayor, y compro Aire de Dylan, de Vila-Matas y Paisaje con grano de arena, de Wislawa Szymborska.
17.00h. Decido que no voy a ir a clase.
17.30h. Espero en la Puerta del Círculo de Bellas Artes.
18.00h. Lectura de El Quijote, con traducción simultánea en lengua de signos. En el Círculo de Bellas Artes, con Chus.
19.15h. Café con Chus y Jorge. Metro Sevilla.
20.15h. Presentación del libro "Ángel Crespo, Deseo de no olvidar", con Pilar Gómez Bedate, Antonio Piedra y Jordi Doce, y recital poético con Rafaél-José Díaz, Carlota Fernández-Jáuregui, José Luis Gómez Toré, Ana Gorría y Esther Ramón.
22.00h. Presentación y coloquio "Postmodernos vs Dramáticos", con Javier Calvo, Manuel Vilas, Agustín Fernández Mallo y de moderador, Roberto Valencia. La conversación fue estupenda, y cito casi textualmente:

"-Me pregunto si habrá, en un futuro próximo, lectores en España dispuestos a leer una narrativa en español, -dice Manuel Vilas.
-En el caso de no ser así, ¿dejarías tú de escribir?- pregunta Agustín Fernández Mallo."
00.00h. Morir de cansancio.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Un brindis por Nicanor.

Ayer los escombros brindamos por Nicanor. Brindamos por Niall y por este artículo. Brindamos por la poesía.





Despertar al lector







Niall Binns. El País, 2 de Diciembre de 2011.







En Advertencia al lector, el primero de los antipoemas de su libro de 1954, Nicanor Parra pidió para la poesía un nuevo alfabeto y temáticas nuevas, a riesgo de molestar a los "doctores de la ley" y de ofender el gusto de los acomodados lectores, cuya indignación recreaba en su texto: "¡Las risas de este libro son falsas!', argumentarán mis detractores / 'Sus lágrimas, ¡artificiales!' / 'En vez de suspirar, en estas páginas se bosteza' / 'Se patalea como un niño de pecho' / 'El autor se da a entender a estornudos". Es ley de vida: las grandes rupturas, los cambios de paradigma, suscitan el escarnio y la incomprensión. Recuérdense las burlas al joven Rubén Darío, la estupefacción producida inicialmente por las vanguardias.


La antipoesía pretendió romper con el acomodamiento del lector y con una poesía que ya se concebía y trataba como lujo o ejercicio solitario: los versos modernistas, tan osados y novedosos en sus comienzos, se festejaban en los salones burgueses; los experimentalismos y buceos metafísicas de la vanguardia, habían quedado reducidos a una "poesía de círculo vicioso / para media docena de elegidos". La lucha de Parra ha sido, desde siempre, por una comunicación viva y vital con el lector. Para conseguirla, ha ido afinando en más de siete décadas de escritura los recursos que lo identifican como antipoeta. Me refiero al lenguaje y las temáticas agresivamente cotidianos, al empleo punzante y a veces desternillante de la ironía y el humor, y a la insistente representación de un yo poético que no maquilla sus contradicciones, sino que las revela; y me refiero, sobre todo, a la insubordinación tenaz de la antipoesía ante los dogmas poéticos, políticos y religiosos.

Para comunicarse con el lector, había que agredirlo, romper sus expectativas, expulsarlo de su cómodo sillón. El último verso de Advertencia al lector dice: "Yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores". La agresión surtió efecto: los señores lectores pronto aprendieron a convivir y extrañarse con la antipoesía. Cuando en 1972 publicó sus Artefactos -no un libro, sino una caja de tarjetas postales-, explicó Parra en una entrevista que buscaba con ellos un "pinchazo a la médula", como si tocara los "puntos sensibles del lector con la punta de una aguja". Es una de las vetas más fructíferas de la antipoesía en su lucha por despertar al lector: el diálogo entre el texto y la imagen, que se inició con los Quebrantahuesos en 1952 -en compañía de Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky- y llegó a su culminación con una concurrida y polémica exposición de las "obras públicas" celebrada en Santiago de Chile en 2006.

miércoles, 8 de junio de 2011

En la nada.

Poema, Joan Brossa.

"Vamos viviendo, contra-muriendo,
salvando del vacío la mínima alegría
que nos es permitida.
Da miedo mirar alrededor.
Dan ganas de encogerse.
No hay más dios que el terror.
No hay más felicidad que algunas aceitunas
comidas a escondidas mientras todo nos acecha,
y ustedes perdonen esta frivolidad.
Los átomos, micro-estrellas,
los físicos sistemas invisibles e implacables
y los otros, celulares, que nos matan en silencio mansamente
a veces nos permiten vivir a nuestro modo.
Y es bonito. Creemos que existimos (...)
en un macrosistema felizmente irreal."

Gabriel Celaya, En la nada.

He encontrado por casa Buenos días, buenas noches de Gabriel Celaya, en una edición prehistórica de Hiperión de 1976. Y qué ilusión. La poesía desnuda. El cuerpo de la poesía. La nitidez pálida, limpia, la paz de la palabra.

Pronto conseguiré el vídeo de la presentación de La Escombrera, nuestro libro colectivo que con tanto cariño hemos estado preparando estos meses. Y ya está entre mis manos. La poesía del entorno, que ha quedado preciosa. Gracias a Agustín (por su dedicatoria de dibujo de editor, que no firma), a Niall y a Ana por hacerlo posible. Y a Marcela, a Héctor, a Julieta, a Eva, a Juan, y a Carlos. Al Colectivo La Latina por cedernos ese espacio tan estupendo. Y a Juan Carlos Mestre por venir, y por darme tanta alegría siempre. Y a Cris, y a Clau, y a Miguel, y a Verónica, y a papá y a mamá (te echo de menos). Y a todos los que no pudieron estar, pero estaban. ¡Gracias!

jueves, 24 de marzo de 2011

Y nada más.



"Poesía es todo lo que se mueve. El resto es prosa."
Nicanor Parra.


Preparo un nuevo poemario. Una selección de micropoemas. Estoy contenta. Empiezo nuevos cuadernos, descubro nuevos poetas. Intento reinventarme, como si no existiera mi vida más allá de la poesía. Porque a veces desearía que no hubiera nada más. Ojalá no hubiera nada más.