lunes, 31 de marzo de 2014

El hijo de la montaña. (o un poema)





Algo late debajo de su cuerpo;
como el monte que lleva tras de sí 
las huellas del ancestro. 

El hijo de la montaña entiende 
la lengua de los árboles, 
escucha redimido la hojarasca 
mojada de la noche. 

 Ahijado irremediable de la tierra 
rehúye desde el miedo 
las luces de neón 
de la ciudad que habito. 

 Hay algo de salvaje en su mirada mansa 
de hijo de cazadores. 

 Hizo una vez un pacto con la lluvia y sabe 
que, si dios existiese, sería en el abrazo:
sus manos-ciervo aman 
desde la certitud del solitario. 

Y así, 
en el espejo blando de su boca
y la ruda firmeza de sus dedos 
canalizan las lágrimas del tigre último; 

No sabe que es capaz 
de derribar los muros 
hipócritas del miedo 
entreabriendo los labios.

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