miércoles, 5 de diciembre de 2012

Quiero escribir sobre la buena gente.


Quiero escribir sobre tus brazos de nido. Me gustaría decir el hogar, hablar de la humedad, de la cama vacía cuando te vas temprano. A veces digo "tú" y quiero decir "todos". A veces hablo de ti y quiero hablar de otro, de la bondad de otro. Lejos de casa la gentileza se encuentra en las pequeñas cosas. La palabra, la mano, el cigarrillo que fumas y tu tos en la ventana. A veces digo tú y quiero decir "ellos". Los que no están tan cerca. Quiero ponerle nombre a la importancia de la mano compañera, y a la presencia generosa de quien no debe nada. Hay demasiado poema sobre el miedo. Demasiada palabra sobre el cruel.  En este caos de ombligos tu cuerpo es el mundo. El vino es un río inmenso y recorrer el mapa de espaldas es una búsqueda húmeda, gentil y dadivosa. Luego marchas y algo duele y es tierno al tiempo. Y yo no sé decir lo que después escribo. Me queda la música en un idioma que sólo entiendo yo, y también la cama deshecha y resentida, el frío, las ganas de dormir, y entonces pienso: La saliva es el mistral. La bondad del cuerpo no es otra que la bondad del mundo. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Los zapatos de Agustín Fernández Mallo.


"Desdentado horizonte de edificios,
ecualizan un cielo de acero, rugen
cañerías colesterolizadas, 
es el cuerpo,
sin más,
escuchándose río abajo".

...

"Tenemos dos cuerpos, el visceral
y el informático, unidos por el tacto, ojalá
el cerebro tuviera la tecla escape
para salir de sí mismo, cerrar la vida
desde fuera".

...

"Sudas agua mineral, supongamos la luz
esas burbujas, supongamos zapatos que expresan
el horizonte de sucesos,
supongamos que abres la maleta y un rostro dice,
su careta, gracias".

Agustín Fernández Mallo, Antibiótico.


Me obsesionan los zapatos de Agustín Fernández Mallo. Algunas veces cuelgan de los árboles,  y los lugares son cordones umbilicales de los que desarraigarse. Rastreo la iconografía del zapato. El tiempo pasa despacio. Hay un riachuelo y una suerte de espejos. Persigo los espejos y sus juegos de máscaras. Redes geométricas se entreven en la poesía de Fernández Mallo. La esperanza cóncava que se forma / al mear sobre la nieve. Es divertido, juego a sus espejos, sus emisiones de fotones, su tejido de partículas y escenas cotidianas, me miro en la fotografía y ese rostro ya nunca será mío. Entonces, miro el rostro de otra. No me pertenezco.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Duermevela.





El agua caliente limpia mi garganta. Nos perseguían varios hombres sin rostro vestidos de azul. También había veneno en alguna parte y el sabor amarillo del azufre. Corrí tanto que hoy me duelen las piernas y estoy despierta, y los tobillos arden. Me asustó un pájaro rojo y los cuerpos sin ojos. Corrí tanto que ahora necesito quemarme la lengua con este agua que hierve. Corrí y había voces y siluetas entre la niebla. Hoy tengo poco más que la cama y un temblor en las rodillas, pero no tengo voz. Algo limpia y calienta y quema la garganta. Me despertó la lluvia. Pienso en la casa roja. El lugar del refugio era una metáfora donde la palabra daba la bienvenida al peregrino. Lejos, alguien cantó en un idioma que no pude comprender. Una semilla crecía debajo de cada cigarrillo. Más tarde, los hombres azules se alejaron y no quedó nadie.

domingo, 28 de octubre de 2012

Mon arrivée à Montpellier



Después de una semanita desde mi llegada, de instalación, mudanza y gestiones administrativas, os dejo un poemita que escribí hará un par de días, pero no habla de la ciudad. Montpellier es una ciudad acogedora. La gente es simpática. hay familia, -viejos amigos, familia-. Hace frío y un viento espantoso. Montpellier huele a chimenea. Hay voces que hablan en idiomas distintos. Y hay escenas que merecen reseñarse: hacer tiempo en la lavandería, la espera del tren, o el olor a chimenea. Me gusta Montpellier.



No hay nada de romántico en el cielo
ni tampoco
hablaré de los labios
no evocaré al poeta
que me enseñó a llamar a todo por su nombre.

Hoy la literatura está en mi cabello sucio
en la temperatura de mis manos
en los ocho minutos que tardará en llegar
el próximo tranvía.

Hoy la literatura
es la cuna cruel de la rutina
la estaca de lo extraño que crece de mi pecho.

Sin embargo
todavía algunas veces
dejo nacer la infancia
la elevo más allá de mis propios muslos.

La juzgo, la ultrajo, la añoro, la aborrezco.

No tengo más que dar:
la belleza (lejana y sórdida)
se encuentra en otro sitio.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Je m'en vais (extraños comienzos).



Pronto tomaré un tren hacia la patria gala. Tengo varias listas que cuelgan de mis paredes. Listas de equipaje. Listas de libros. Listas de burocracia que debo resolver. De gente a la que debo escribir. De supervivencia a mi precaria economía. Comienza el otoño y estoy en ninguna parte. Se resiente la garganta. Es extraño. El reposo. El lugar que ocupa el momento después de la enfermedad y antes de la total recuperación. Las mañanas son poco gentiles, y me cuesta despertar. La pierna no duele. Delante del ordenador, envío y recibo mil emails que dificultan o acaban por facilitar y solucionar mi partida y mi inscripción en la universidad. Me despierta la radio y el país me duele. Desayuno y me duele. Ordeno mis papeles y me duele. Miro a mi madre a los ojos y me duele. Por suerte, después de acabar con El Enigma, de Josefina Aldecoa, hoy leo Trenes hacia Tokio, la tercera novela de Alberto Olmos publicada por Lengua de Trapo en 2006. Es la primera novela suya que leo, y hay algo en su escritura que me recuerda a A.Fdez. Mallo y sus experiencias nocilleras -aunque más minimal, sí-. En fin, son solamente algunas primeras impresiones, y seguramente esté diciendo tonterías. Seguiremos informando.

Después, es así como miro a mi madre a los ojos. Así es como escucho las noticias en la radio, así, como bajo a hacer algunos recados domésticos, así, como me fumo algún cigarrillo, como mando algunos emails, o continúo haciendo listas. Libros, series y películas. Ésta es mi trinchera a este extraño comienzo del mes de octubre. Y todo es tácito hasta que Alberto Olmos dicta su sentencia en una frase: "Nos callamos. Miramos por la ventana. Le digo que tiene una vista fantástica. Él me señala un solar en construcción y me dice que pronto dejará de ver los rascacielos. (Mi vida es hacer viajes en tren para que me digan que no. Esa es mi vida)". Y fin.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cadenas de Búsqueda.


"El poema es siempre una carnicería. ¿No ves
cómo sangro?"

J.Moreno.


Llevo muchas semanas queriendo hablar de Cadenas de Búsqueda, de Javier Moreno, publicado hace pocos meses en El Desvelo Ediciones, -recomendación y préstamo de Óscar Curieses, mil gracias, Óscar- pero, (mea culpa) hasta hace unos días, no tenía ordenadas todas las  razones por las que, este libro, es uno de los poemarios que más me ha gustado últimamente. 

Lejos de entender con exactitud lo que hace de su estilo algo, a mi parecer tan extraordinario,   quiero intentar explicar algunos de los señuelos por los que este libro me ha parecido especial: en primer lugar, parte de una base bastante común últimamente: la cuestión de la poesía en la era de las nuevas tecnologías. No solamente la poesía, sino más exactamente, el reconocimiento de lo poético. Lo auténtico de esta cuestión en Cadenas de Búsqueda es que su lenguaje, calmado e irónico, en ningún momento se aleja de lo convencional, sino que convierte la cotidianidad en una metáfora: su poesía es aparentemente una antítesis de lo poético, presentando una realidad mediada por el mundo de las nuevas tecnologías y el consumo. 

Dentro de sus poemas, hay romanticismo, una búsqueda sublime entre lo cotidiano, una crítica y un análisis de los tópicos poéticos (la mujer, el amor, los viajes, etcétera), en ocasiones aceptando como inevitable su intemporalidad, y reinterpretando algunos de estos temas desde una perspectiva original (temas como la nostalgia del recuerdo, la insatisfacción,  el deseo, la infancia, etcétera). Plantea una renovación de lo poético sin ser transgresor, ni agresivo, sino utilizando un lenguaje tranquilo y cercano con el que moldear y transformar la mirada poética actual.