jueves, 17 de enero de 2013

Enero.


Hubo libros de siglos pasados. LLuvia, frío, nevó. Echamos de menos a los padres, a los hermanos, a los amigos. Salimos a la calle con los bolsillos tísicos, obligados por el viento del Mediterráneo, cambiamos la distribución de los muebles, cantamos mientras conducíamos hacia la playa. Debíamos escribir un libro de poemas, pero dibujamos en la arena con los dedos. Saltamos hasta que no quedó nada que tocar, y, aunque estábamos lejos, nos dimos cuenta de que, en cierto modo, estábamos en casa.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Quiero hablar de muchas cosas (un post caótico).





"¿Por qué es mi libertad mudar de cárcel?
¿Por qué no hay realidad en el deseo?
Comprendo tantas cosas que hace frío
en este mayo ardiente en el que escribo. 
Sé que el destino existe y tengo miedo.

Un miedo inconcebible
a pervivir inmóvil y sin nadie
en la bañera breve del poema,
frente al azul rompiente de la vida."

Vicente Luis Mora, Autobiografía (novela de terror).

Se va acabando el año y se me rompen las botas. Quiero hablar de muchas cosas, pero se rompen los zapatos en la lluvia, y pienso en Agustín Fernández Mallo. Ayer tuve la suerte de asistir al Audioforum formado por éste, Manuel Vilas y Rubén Pozo, en el que se habló de la relación entre la música y la literatura, evento que forma parte del Festival Alta Fidelidad, en las naves del Matadero de Madrid. A pesar de ser un evento breve, se habló de la repercusión directa que tiene la música en la escritura de estos dos autores, y, en ocasiones, de sus métodos de trabajo a partir de la música. También se reprodujeron algunos temas musicales escogidos por los autores, como algunos ejemplos inspiradores o ilustradores de su escritura. 
Se me rompen los zapatos, decía, y estoy en casa, y los bártulos se esparcen por cualquier lugar de mi habitación, y es extraño decir casa, y es hermoso decir amigos, o decir familia. Mamá dice que bebo demasiado, y en mitad de este bordel que es la navidad y el regreso, las lecturas se multiplican y son (aún) más caóticas que de costumbre (sí, más). Leo fragmentos de poemas de Quevedo, también Un Siècle d'Or Espagnol al mismo tiempo que releo El Principito, que comienzo, emocionadísima, Madame Bovary y que termino (totalmente enamorada, por cierto) Autobiografía (novela de terror),  de Vicente Luis Mora.
Me gusta el ritmo de sus poemas, su respeto y amor por los clásicos, su rima (sí, rima, aquella cosa...) tan bien utilizada y natural, su asma, su Rosebud, su infancia. 
El caso es que me quedo sin botas, y acabo el año descalza, y llueve. Y tampoco puedo escribir sobre todas aquellas cosas que más me han gustado del libro, j'ai le bordel dans ma tête, digo ahora, y alguien llama por teléfono, pero no es mi teléfono. Recuerdo que me espera un año nocillero. Suena Johny Cash, y no tengo internet. Pienso en sexo. Recuerdo un poema. Bebo vino blanco. Pienso en sexo. Se me rompen los zapatos.



sábado, 29 de diciembre de 2012

(14).




(14).

"Al fin tomé la determinación.
Bajé al jardín mi cuerpecillo asmático
-Palma del Río, agosto, noche en llamas-,
y quise decidir
la que sería mía, cuál mi casa;
y así mudé mis bártulos al suelo
albino y tembloroso de la estrella
que más sola se hallaba,
y decidí que nunca volvería,
que había terminado la miseria,
que nunca aceptaría
la tierra de que están hechas las cosas."

Vicente Luis Mora, Autobiografía, (novela de terror).


El idioma es mi casa, me digo. El idioma es mi casa y construyo otra lengua con otros bártulos distintos.  

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Quiero escribir sobre la buena gente.


Quiero escribir sobre tus brazos de nido. Me gustaría decir el hogar, hablar de la humedad, de la cama vacía cuando te vas temprano. A veces digo "tú" y quiero decir "todos". A veces hablo de ti y quiero hablar de otro, de la bondad de otro. Lejos de casa la gentileza se encuentra en las pequeñas cosas. La palabra, la mano, el cigarrillo que fumas y tu tos en la ventana. A veces digo tú y quiero decir "ellos". Los que no están tan cerca. Quiero ponerle nombre a la importancia de la mano compañera, y a la presencia generosa de quien no debe nada. Hay demasiado poema sobre el miedo. Demasiada palabra sobre el cruel.  En este caos de ombligos tu cuerpo es el mundo. El vino es un río inmenso y recorrer el mapa de espaldas es una búsqueda húmeda, gentil y dadivosa. Luego marchas y algo duele y es tierno al tiempo. Y yo no sé decir lo que después escribo. Me queda la música en un idioma que sólo entiendo yo, y también la cama deshecha y resentida, el frío, las ganas de dormir, y entonces pienso: La saliva es el mistral. La bondad del cuerpo no es otra que la bondad del mundo. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Los zapatos de Agustín Fernández Mallo.


"Desdentado horizonte de edificios,
ecualizan un cielo de acero, rugen
cañerías colesterolizadas, 
es el cuerpo,
sin más,
escuchándose río abajo".

...

"Tenemos dos cuerpos, el visceral
y el informático, unidos por el tacto, ojalá
el cerebro tuviera la tecla escape
para salir de sí mismo, cerrar la vida
desde fuera".

...

"Sudas agua mineral, supongamos la luz
esas burbujas, supongamos zapatos que expresan
el horizonte de sucesos,
supongamos que abres la maleta y un rostro dice,
su careta, gracias".

Agustín Fernández Mallo, Antibiótico.


Me obsesionan los zapatos de Agustín Fernández Mallo. Algunas veces cuelgan de los árboles,  y los lugares son cordones umbilicales de los que desarraigarse. Rastreo la iconografía del zapato. El tiempo pasa despacio. Hay un riachuelo y una suerte de espejos. Persigo los espejos y sus juegos de máscaras. Redes geométricas se entreven en la poesía de Fernández Mallo. La esperanza cóncava que se forma / al mear sobre la nieve. Es divertido, juego a sus espejos, sus emisiones de fotones, su tejido de partículas y escenas cotidianas, me miro en la fotografía y ese rostro ya nunca será mío. Entonces, miro el rostro de otra. No me pertenezco.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Duermevela.





El agua caliente limpia mi garganta. Nos perseguían varios hombres sin rostro vestidos de azul. También había veneno en alguna parte y el sabor amarillo del azufre. Corrí tanto que hoy me duelen las piernas y estoy despierta, y los tobillos arden. Me asustó un pájaro rojo y los cuerpos sin ojos. Corrí tanto que ahora necesito quemarme la lengua con este agua que hierve. Corrí y había voces y siluetas entre la niebla. Hoy tengo poco más que la cama y un temblor en las rodillas, pero no tengo voz. Algo limpia y calienta y quema la garganta. Me despertó la lluvia. Pienso en la casa roja. El lugar del refugio era una metáfora donde la palabra daba la bienvenida al peregrino. Lejos, alguien cantó en un idioma que no pude comprender. Una semilla crecía debajo de cada cigarrillo. Más tarde, los hombres azules se alejaron y no quedó nadie.