martes, 18 de marzo de 2014

Mi viaje a Madrid (o un resumen una semana después)


Hace exactamente una semana que volví de Madrid, donde conseguí escaparme casi durante diez días. La visita a casa, a la familia, a los amigos, siempre es necesaria y maravillosa, pero no solamente eso. Madrid es, ahora que vivo lejos, un respiro enorme, y un lugar en el que cada vez que voy aprovecho cada momento al máximo, para visitar mi lugares favoritos, o renovar adquisiciones, sobre todo literarias. 

Nunca he hablado de los problemas de las diferencias lingüísticas a la hora de escribir, dar clase, e incluso hablar en la vida cotidiana. Esto de vivir en un país extranjero supone muchos pequeños inconvenientes que, en la práctica, son el pan nuestro de cada día. Por esa razón, cada vez que bajo a casa trato de cargar la maleta de libros, películas y otros materiales de los que poder servirme el tiempo que tarde en volver. Además, comprar libros por internet me desespera, me gusta hablar con los libreros de siempre, pedirles consejo, y que algunas de las acciones cotidianas sigan siendo aún rituales familiares, aunque del tema de las librerías madrileñas hablaré en otra ocasión próximamente. 

En diez días he aprovechado, sobre todo, para estar con la familia y los amigos, para volver al pueblo, para rescatar algunas compras de libros que quería desde hacía tiempo, películas, series, pero sobre todo para disfrutar de aquéllo que antes siempre hacía y que ahora echo tanto de menos: dejarme caer por algún recital de poesía, saludar a antiguos amigos y perderme por las calles de Lavapiés. Aquí os dejo algunas fotos.


Escapada a Toledo.


El más puro Lavapiés.


Viajar en tren, llegar a España.



Día soleado desde La Fugitiva.





Presentación del libro de autor "Lapidario Incompleto", de Antonio Gamoneda con ilustraciones de Juan Carlos Mestre, en el Centro de Arte Moderno, en la calle Galileo.


Quiosco de la plaza de Lavapiés.


Caramelos Paco.



jueves, 6 de marzo de 2014

"Yo soñé con arrancar la tristeza viscosa del mundo". O de cómo leí a Panero.



Estos dos versos de Leopoldo María Panero me obsesionaron durante algunos años, y con ellos encabecé el primer poema de mi poemario "Ser Pájaro" en La Escombrera, hace tres años. También otros muchos, subrayados y pegados por algunos de los rincones de mi habitación,-a modo teenager-,  me acompañaron desde el principio de mi adolescencia, y nunca me fueron indiferentes.

Todo empezó cuando tenía unos quince años, y se pusieron algo de moda unas plataformas anteriores al blog, llamadas "journal". Era el momento de pleno apogeo de Messenger, mi habitación estaba cubierta de letras de canciones de Extremoduro, Platero y Tú, Marea o Marilyn Manson, y había conseguido, quizás por azar, quizás a través de algunos amigos que me habían puesto en contacto con otros amigos, escribirme con unas pocas personas interesadas por la escritura y por la poesía. Mi pseudónimo por aquél entonces era "marea1986", y me escribía con un chico algo mayor que yo, que tenía un Livejournal, y que comenzó a hablarme de Leopoldo María Panero. 

Pasé del odio al amor, de la incomprensión al miedo leyendo toda su obra poética -ah, y también me enamoré secreta y platónicamente de ese chico que leía a Panero-. Sus poemas hablaba de sexo, de muerte, de renacimiento, de amor, de odio, de drogas, de desencanto, de violencia, de alucinaciones, y yo apenas conocía nada de todo eso, y a la vez me maravillaba y me aterraba cada verso suyo, aunque no pudiese parar de leerlo, como si fuese una especie de revelación hacia algo que yo aún no sabía, una puerta a alguna parte. Panero aludía a imágenes prerrafaelitas, a poetas románticos ingleses, al punk, al sexo y a la absenta. También hablaba de religión, o de aquél interés romántico por lo desconocido, sus provocaciones a la Iglesia, sus imágenes de infancia, su sarcasmo y su mirada hundida y ojerosa me horrorizaron y atrajeron hasta leer todas sus obras poéticas completas con el paso del tiempo, citarle en algunos de mis trabajos de investigación en la universidad, y finalmente, hace un par de años, correr a la Feria del Libro de Madrid a que me firmara su poesía completa, editada por Túa Blesa en Visor. Apenas hablaba, miraba hacia no se sabía dónde, y su editor le acompañaba indicándole todo aquello que debía hacer, vaciando cada media hora un cenicero lleno de colillas que había dejado a su lado y sirviéndole un vaso de agua de vez en cuando.

He seguido citándole hasta hace bien poco, y releyendo sus poemas con esa mezcla entre terror e hipnotismo, tristeza, desconcierto y ternura, pues creo que ningún otro poeta puede ilustrar mi adolescencia mejor que él, y que, sin sus poemas, esto quizás fuese otra historia.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Diario poético: algunos pequeños textos de las últimas semanas.





Lunes:

Alguien esperará un día un verso que arrasará como un mistral terrible, como una bandada de pájaros de papel, como un estornudo, como un ruido brutal que abatirá las puertas y entornará los silencios hasta dejarnos a todos sin una piedra mínima sobre la que asirnos, pequeños en nuestra nimiedad iniciática, en nuestra esencia primera de hormiga.

Martes:

Hace frío en algún lugar de los pulmones, pero la porcelana queda intacta. Cerámica de mí misma, caricatura, mofa, nada. Escribo “Pandora” en la palma de mi mano, y oigo truenos en el fondo de un aula vacia. Se consume Febrero como un hacha.

Miércoles:

Se posa la muerte entre mis manos, me rie mientras hablo, me mira mientras duermo. Ese destello verde.

Jueves:

Un desierto en Estados Unidos; te hago el amor, y sollozo. Mueres, o algo muere en mí, o hay algo muerto, o triste, o frio. No entiendo las ausencias pero vivo en su constante hábito, en su lento movimiento de molusco. Un frio seco, pero el dolor es viscoso.

Viernes:

Cuál es la belleza de unas manos, qué belleza, qué es belleza; No tengo dinero para el tren, mamá dice que no importa, que no me preocupe, que cada cierto tiempo hay que volver a casa. Y está en lo cierto. Pero qué es una casa, me pregunto, quién es una casa, me digo para mí.

martes, 31 de diciembre de 2013

Mi 2013 en un paseo por Madrid.





Esta mañana decidi salir sola a caminar por Madrid. Sí, estoy en Madrid pasando las fiestas, y sí, he decidido dar un paseo desde Atocha hasta la Plaza Mayor y vuelta por Lavapiés arriesgando mi vida entre familias con matasuegras, ejércitos de niños con petardos y atravesando todo el infernal meollo navideño.

Rematé algunos recados pendientes, visite algunos de mis sitios favoritos e hice, accidentalmente, balance del año que se termina. No se trata de nostalgias navideñas ni de nada parecido, sino de algunas reflexiones que me vinieron de pronto a la mente cuando cai en la cuenta de que quedaban menos de 24 horas para terminar el 2013.


Como ya sabréis, hace un año y pico que decidí hacer las maletas y marcharme a Montpellier, donde cursé un máster y busqué trabajo. No ha sido nada facil empezar desde cero fuera de España, en un lugar desconocido, y muchas de las facilidades y los logros se los debo a Rober y Adéline, que me han ayudado en todo en el último año. Por eso, también, el blog ha cambiado tanto en este último tiempo (el último año, digamos). Este año ha sido un año duro y maravilloso, en el que he alcanzado muchas de mis metas y también han sucedido muchas cosas inesperadas. Es por eso que, de pronto, me ha parecido que había transcurrido una eternidad entre las navidades pasadas y éstas: terminé el máster, encontré el trabajo que más me gusta del mundo y conocí a mi chico. Decirlo asi sonará quizás exagerado, pero resumo así en mi cabeza todo aquello por lo que ha merecido la pena marcharme de la noche a la mañana, y echar tanto de menos cada día a la familia; a mis padres, a mi hermana -al otro lado del charco...-, a los amigos, y qué narices, mi Lavapiés del alma, mi ciudad y mi pais.


Más de la primera mitad del año (de hecho casi el año completo) ha sido mi investigación academica acerca de la poesia de Vicente Luis Mora y Agustin Fernández Mallo. Ha sido un reto enorme para mí realizar esta investigación, en primer lugar, por ser enteramente en francés, en segundo lugar, por tratarse de dos poetas a los que admiro enormemente, y en tercer y último lugar, por ser la primera vez que realizaba una investigación académica en torno al género de la poesia. Debo agradecer a mi familia, amigos y profesores el apoyo; las felicitaciones, las propuestas de publicación (que no sé si llevarán a alguna parte, pero con lo que me quedo…) y el enorme esfuerzo es algo de lo que me siento treméndamente orgullosa.


Sobre todo la segunda mitad del año ha sido el trabajo y la enseñanza. Haber conseguido empleo en Francia ha sido muy duro pero también algo de lo que hoy puedo decir que estoy muy orgullosa. El hecho de poder ser profesora de español me ha dado una oportunidad increible para darme cuenta de lo que antes solamente habia sido una intuición: dar clase de español es maravilloso, y me encanta, y soy muy feliz haciéndolo. El contacto con los chavales es estupendo, intercambiar opiniones, conocimientos, ver como mejoran un poco cada dia y yo con ellos. 


Una noche, intenté explicarle a mi chico por qué estaba en Francia y como era eso de estar lejos de casa, y por primera vez me vi, sin planearlo, diciendo en voz alta que era la única manera (y la que me parecia más bonita) que veía a mi alcance de amar mi país fuera de él, y a pesar de todo. Y me di cuenta en ese momento de que ser profesor de español (y de cualquier otra materia, pero yo solamente puedo hablar de mi pequeña experiencia) es una tarea muy delicada y de una enorme responsabilidad: no solamente enseñas una lengua, sino que enseñas la cultura, la mentalidad, la esencia de un país y de un idioma (y eso TAMBIÉN es la Marca España!). 


Que no somos únicamente corrupción política ni pobreza, ni tópicos. Que España está llena de buena gente que lucha por sus familias, que da la vida por sus amigos, y que ama su país por encima de todo, y de manera real, cada día de su vida. Por eso este año he aprendido que ser profe de español no es solamente lo que me encanta hacer, sino también un enorme compromiso y responsabilidad por la que trabajar duro para mejorar cada dia, y esto solamente puedo agradecérselo a mis padres, que siempre han sido un ejemplo de ello, y a mi amigo Rober, que me ha acogido en Montpellier y me ha ayudado y dado la oportunidad de descubrirlo.


Tengo que dar gracias por muchas cosas este año; por la compañía, la ayuda y los cafés de Rober y Adeline, los cumpleaños y las noches de Fabrik con Sandrine, Leia, Ludo, Céline, Régis, Jose... que me han acogido como una más.


Las cenas grecoespañolas de domingo con Eleni, las conversaciones telefonicas nocturnas y existenciales con Belén, las llamadas de Tati, el foro de nuestro Círculo de Sabias, mi nueva familia política (qué mal suena eso), que me hace tupperwares cuando ceno sola, y me tejen bufandas cuando llega el frio. La visita de mis padres a Montpellier, y el turisteo por el sur de Francia. Por -y espero que asi siga siendo por mucho tiempo- conseguir subsistir de mi trabajo, por haber encontrado una familia en Francia, unos buenos amigos, por conocer y compartir el día a dia con una persona maravillosa, pero sobre todo, por una familia y unos amigos que, desde diferentes partes del mundo me apoyan, me quieren y me acompañan en el camino. 


Y termino toda esta sarta de reflexiones y palabrerías diciendo que, de veras, espero que este año que viene sea mucho mejor que el pasado, que podamos juntarnos todos aquellos que andamos lejos, que las buenas personas lo merecemos, y, qué narices, yo estoy rodeada de buenas personas. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

All the world is green.






Decoro lo cotidiano para decirme que no estoy sola. Imagino vivir en otra parte. Hay lugares que dejaste que no sabes si esperan. No importan aquellos sitios a los que no perteneces. Pienso en enfermedades. Cabeza, pecho, espalda, sexo. Hay estrías. El futuro es un anuncio de Neutrex. El violeta destella débilmente. El pasado no es. Os dije que era verde, y estaba en lo cierto. Y esta ciudad es gris. Y azul. Y no.